Sección con los temas generados recientemente. No olvides conectarte al sitio para poder dar tus opiniones en cada uno.

by Editorial at 21-11-2020, 02:28 PM
El lector podrá encontrar una reseña, que en algunos casos es bastante completa, en otros breve, de cada uno haciendo simplemente click en cada Pontífice.
Sobre la autoridad del Papa en la Iglesia, usted podrá ver nuestro artículo acerca del Papa en la Biblia. Junto a la garantía dejada por Cristo a la Iglesia para que siga a lo largo de la historia con fidelidad a sus principios.
Damos a conocer al lector, que nuestra Editorial se centra principalmente en un espíritu apologético más que de enciclopedia. En varias oportunidades encontrará los avales bíblicos de las decisiones tomadas a lo largo de la historia de la Iglesia, o bien, su refutación con argumentos bíblicos de las doctrinas heréticas que han surgido a lo largo de la historia. Cada día vamos introduciendo mejoras en el texto ampliando contenidos, o bien, mejorando navegabilidad incorporando links en cada cada Papa con sus reseñas, tarea que es difícil de realizar, pues hay mucho material a evaluar, y las fuentes fidedignas son escazas.
También debemos aclarar que, para que un Papa sea electo, sólo debe haber una mayoría a favor por parte del clero. Cuestión que en algunas ocasiones ocurrió que había aclamación popular y mayoría del clero a favor de un Papa a la vez, pero la primera situación no incide del todo en una votación.

Listado de Papas

1. San Pedro
2. San Lino
3. San Anacleto (Cleto)
4. San Clemente I
5. San Evaristo
6. San Alejandro I
7. San Sixto I
8. San Telesforo
9. San Higinio
10. San Pio I
11. San Aniceto
12. San Sotero
13. San Eleuterio
14. San Victor I
15. San Ceferino
16. San Calixto I
17. San Urbano I
18. San Ponciano
19. San Antero
20. San Fabián
21. San Cornelio
22. San Lucio I
23. San Esteban I
24. San Sixto II
25. San Dionisio
26. San Félix I
27. San Eutiquiano
28. San Cayo
29. San Marcelino
30. San Marcelo
31. San Eusebio
32. San Melquíades
33. San Silvestre I
34. San Marcos
35. San Julio I
36. San Liberio
37. San Dámaso I
38. San Siricio
39. Anastasio I
40. San Inocencio I
41. San Zósimo
42. Bonifacio I
43. San Celestino I
44. San Sixto III
45. San León I
46. San Hilario
47. San Simplicio
48. San Félix II
49. San Gelasio I
50. Anastasio II
51. San Símaco
52. San Hormisdas
53. San Juan I
54. San Félix III
55. Bonifacio II
56. Juan II
57. San Agapito I
58. Silverio
59. Virgilio
60. Pelagio I
61. Juan III
62. Benedicto I
63. Pelagio II
64. Gregorio I (Gregorio Magno)
65. Sabiniano
66. Bonifacio III
67. Bonifacio IV
68. Adeodato I
69. Bonifacio V
70. Honorio I
71. Severino
72. Juan IV
73. Teodoro I
74. San Martín I
75. Eugenio I
76. Vitaliano
77. Adeodato II
78. Dono
79. San Agatón
80. San León II
81. San Benedicto II
82. Juan V
83. Conono
84. San Sergio I
85. Juan VI
86. Juan VII
87. Sisino
88. Constantino
89. San Gregorio II
90. San Gregorio III
91. San Zacarías
92. Esteban II (III)
93. San Pablo I
94. Esteban III (IV)
95. Adrián I
96. San León III
97. Esteban IV (V)
98. San Pascual I
99. Eugenio II
100. Valentín
101. Gregorio IV
102. Sergio II
103. San León IV
104. Benedicto III
105. San Nicolás I (el Grande)
106. Adrián II
107. Juan VIII
108. Marino I
109. San Adrián III
110. Esteban V
111. Formoso
112. Bonifacio VI
113. Esteban VI
114. Romano
115. Teodoro II
116. Juan IX
117. Benedicto IV
118. León V
119. Sergio III
120. Anastasio III
121. Landón
122. Juan X
123. León VI
124. Esteban VII
125. Juan XI
126. León VII
127. Esteban VIII
128. Marino II
129. Agapito II
130. Juan XII
131. León VIII
132. Benedicto V
133. Juan XIII
134. Benedicto VI
135. Benedicto VII
136. Juan XIV
137. Juan XV
138. Gregorio V
139. Silvestre II
140. Juan XVII
141. Juan XVIII
142. Sergio IV
143. Benedicto VIII
144. Juan XIX
145. Benedicto IX
146. Silvestre III
147. Benedicto IX
148. Gregorio VI
149. Clemente II
150. Benedicto IX
151. Dámaso II
152. San León IX
153. Victor II
154. Esteban IX
155. Nicolás II
156. Alejandro II
157. San Gregorio VII
158. Beato Victor III
159. Beato Urbano II
160. Pascual II
161. Gelasio II
162. Calixto II
163. Honorio II
164. Inocencio II
165. Celestino II
166. Lucio II
167. Beato Eugenio III
168. Anastasio IV
169. Adrián IV
170. Alejandro III
171. Lucio III
172. Urbano III
173. Gregorio VIII
174. Clemente III
175. Celestino III
176. Inocencio III
177. Honorio III
178. Gregorio IX
179. Celestino IV
180. Inocencio IV
181. Alejandro IV
182. Urbano IV
183. Clemente IV
184. Beato Gregorio X
185. Beato Inocencio V
186. Adrián V
187. Juan XXI
188. Nicolás III
189. Martín IV
190. Honorio IV
191. Nicolás IV
192. San Celestino V
193. Bonifacio VIII
194. Beato Benedicto XI
195. Clemente V
196. Juan XXII
197. Benedicto XII
198. Clemente VI
199. Inocencio VI
200. Beato Urbano V
201. Gregorio XI
202. Urbano VI
203. Bonifacio IX
204. Inocencio VII
205. Gregorio XII
206. San Martín V
207. Eugenio IV
208. Nicolás V
209. Calixto III
210. Pio II
211. Pablo II
212. Sixto IV
213. Inocencio VIII
214. Alejandro VI
215. Pío III
216. Julio II
217. León X
218. Adrián VI
219. Clemente VII
220. Pablo III
221. Julio III
222. Marcelo II
223. Pablo IV
224. Pío IV
225. San Pío V
226. Gregorio XIII
227. Sixto V
228. Urbano VII
229. Gregorio XIV
230. Inocencio IX
231. Clemente VIII
232. León XI
233. Pablo V
234. Gregorio XV
235. Urbano VIII
236. Inocencio X
237. Alejandro VII
238. Clemente IX
239. Clemente X
240. Beato Inocencio XI
241. Alejandro VIII
242. Inocencio XII
243. Clemente XI
244. Inocencio XIII
245. Benedicto XIII
246. Clemente XII
247. Benedicto XIV
248. Clemente XIII
249. Clemente XIV
250. Pío VI
251. Pío VII
252. León XII
253. Pío VIII
254. Gregorio XVI
255. Beato Pío IX
256. León XIII
257. San Pío X
258. Benedicto XV
259. Pío XI
260. Pío XII
261. Beato Juan XXIII
262. Pablo VI
263. Juan Pablo I
264. San Juan Pablo II, El Grande
265. Benedicto XVI
266. Francisco


Fuentes:
Textos de elaboración propia.
Sitio web de la Santa Sede de la única Iglesia que Cristo fundó
Enciclopedia Católica de ACIPRENSA, la cual es bastante completa
Compendio de Historia de la Iglesia, de J. Marx, 1959
También hemos consultado algunos materiales de fuentes no católicas, sólo con el fin de ver otras posturas y expresar algunas situaciones.
by Editorial at 20-11-2020, 09:46 AM
Introducción

Durante los primeros siglos del cristianismo, hubo un largo peregrinar hasta que San Dámaso I hizo la Biblia agregando 27 libros pertenecientes al Nuevo Testamento al canon ya existente del Antiguo Testamento. A su vez, mientras los primeros cristianos utilizaban algunos libros apócrifos muy difundidos, las herejías también surgían, con lo que también causó una evolución en el Credo (Símbolo) en el Concilio de Nicea convocado para tal fin. He aquí que presentamos este tema, haciendo un extracto del libro “Compendio de Historia de la Iglesia”:


Desarrollo de la doctrina eclesiástica


1. En la lucha contra las herejías se trataba de separar la verdad del error, por lo cual se habla de establecer, en primer lugar, cuáles eran las señales para reconocer la verdad (criterio). Como tal regla de la fe consideran los Padres de la Tradición apostólica; por lo cual se había de declarar y fundar el sentir de la Iglesia acerca de esta regla de la fe, como lo hicieron principalmente San Irineo, Tertuliano y San Cipriano. Conforme a su juicio, es verdadera aquella doctrina “que concuerda con la profesada por las iglesias apostólicas, madres y fuentes primitivas de la fe, y enseña lo que las iglesias recibieron de los Apóstoles, éstos de Cristo y Cristo de Dios. Toda otra doctrina se ha de calificar desde luego de mentirosa, si tiene sabor contrario al de la verdad de las iglesias, de los Apóstoles, de Cristo y de Dios” (Juan 10, 30).
Son prendas de la incorrupta transmisión de la doctrina, la no interrumpida sucesión de obispos, desde los Apóstoles (successio apostolica) y la asistencia del Espíritu Santo. La sustancia de la fe es, lo que siempre y en todas partes se ha predicado y enseñado públicamente a los fieles como fundamento de su salvación. No existe, pues, como pretenden los gnósticos, una doctrina esotérica. Los maestros de la doctrina son los Obispos, los cuales constituyen juntos un Magisterio (Episcopatus unus, que dice San Cipriano), de que cada Obispo tiene parte solidaria. Por eso los Padres (Papias, Irineo) hacían viajes, para cerciorarse de que estaban de acuerdo con todas las iglesias. Pero no son necesarios tales viajes, pues hasta conocer la fe de la Iglesia Romana, con la cual todas las demás han de estar de acuerdo (Irineo). La Sagrada Escritura es propiedad exclusiva de la Iglesia; los herejes la hurtan cuando la invocan en su favor; y no puede tomarse por decisiva regla de fe, sino se la declara como lo hace el Magisterio de la Iglesia.
2. Consiguientemente, se explicaron más y se fundamentaron las doctrinas particulares que impugnaban los herejes: a) la doctrina de la Sma. Trinidad, acerca de la cual, los Padres, oponiéndose a los herejes, afirmaron resueltamente así la igualdad de las Personas como su distinción real: cosas que estaban en la conciencia de los fieles. Con todo eso, no todos los padres alcanzaron en seguida un conocimiento claro de la razón por las que las tres Personas son enteramente iguales, es a saber: la identidad de su Escencia; o por lo menos no acertaron con las expresiones claras y generalmente admisibles; por lo cual pudo decir San Agustín: Non perfecte tractatum est de Trinitate. La procesión del Hijo se designa, indiferentemente, ya con los verbos gignere, genui, ya con condere. Los alejandrinos, siguiendo la idea platónico-filónica tantas veces utilizada por los apologistas, del verbum inmanens y del derbum prolatitium, habían a veces de que el Hijo fue después que el Padre. En el sínodo III de Antioquía llegó a desechar la frase porque Paulo de Samosata la había empleado en mal sentido; a pesar de lo cual, aquella expresión fue algo admitida como la más exacta por el Concilio de Nicea. Mas con todo eso, los Padres antiguos tuvieron generalmente un sentir exacto sobre la igualdad de las Personas divinas y expresaron suficientemente la unidad de su Escencia. b) Tocante a la doctrina de la Encarnación quedó definitivamente vencido el Docetismo. La doctrina de la divinidad de Cristo, quedó en el mismo estado que la de la Trinidad. c) La doctrina de la Creación se trató tan claramente, que no dejaba nada de desear. Sólo Dios ha creado todas las cosas de la nada. Todas las cosas son criaturas de Dios. d) A la Filosofía, o conocimiento puramente natural, se le asignó su lugar respecto de la fe. Se emplea para ilustrar las verdades de fe; pero se ha de subordinar a ésta. Los Padres no reconocen como verdadero gnóstico (intelectual), sino al que ha encarnecido en el estudio de la Escritura y guarda las reglas de los dogmas apostólicos y eclesiásticos. Entre la fe sencilla y la científica, no hay diferencias sino en el grado de entender las verdades.
I. El Símbolo apostólico se puede considerar como la fórmula dogmática de las verdades de fe. Exactamente en su texto actual lo hallamos en el siglo v en el Mediodía de Francia. En los siglos iv-v es común la opinión (Rufino, S. León M., S. Ambrosio) de que había sido compuesto por los mismos Apóstoles antes de separarse (1Ts 2:17). En su antigua forma (Epifanio, Haer. 72,2) se descubre hasta el siglo II como símbolo bautismal de la Iglesia romana y de sus filiales. También las iglesias orientales usaban en los primeros siglos un Símbolo bautismal sustancialmente conforme con el de la Iglesia romana, del cual sólo se distinguía en algunas añadiduras contra los herejes. Se alababa a la Iglesia romana de haber conservado el antiguo Símbolo con la mayor fidelidad mientras que las iglesias orientales muchas veces habían introducido en él modificaciones. Por otra parte, desde los tiempos apostólicos necesitaba el bautizando un símbolo para profesar la fe en la recepción del sacramento, y los fieles un breve resumen de sus creencias, y que tal fórmula existía en el siglo II y aun a fines del 1, se colige con certeza de las expresiones de los apologistas y Padres apostólicos. Por lo cual es sumamente verosímil que el Símbolo apostólico proceda de los Apóstoles o de sus discípulos. Fúndase en la fórmula prescrita por Cristo mismo para el Bautismo, y contiene brevemente la materia de la predicación apostólica. El bautizando debía aprender el Símbolo de memoria, y estaba prohibido escribirlo (Disciplina del Arcano) aun en el siglo V. Servía de base a la instrucción de los catecúmenos y de señal para reconocerse los cristianos ortodoxos. En Oriente, el Concilio de Éfeso (431) sustituyó el Símbolo apostólico por el Niceno-Constantinopolitano como símbolo del bautismo, y así se olvidó allí, de manera que, el Concilio de Ferrara (1439), dudaron los griegos de su origen apostólico. Pero el primero que lo puso en tela de juicio fue Lorenzo Valla, y recientemente ha sido objeto de recias peleas entre los protestantes.
II. Canon de la Sagrada Escritura. Ya desde la destrucción de Jerusalén (a. 70) discutían los judíos acerca del Canon del Antiguo Testamento, dudando del carácter sagrado de los Proverbios, el Cantar de los Cantares, el Ecclesiastés, Ester y de los Libros deuterocanónicos. Pero Cristo y los Apóstoles habían reconocido y usado y usado los Setenta, y así lo continuó haciendo la Iglesia, con lo cual dio por resuelta la cuestión de los Libros deuterocanónicos. Sólo acerca de algunas partes de los protocanónicos, como la historia de Susana y de Bel, hubo diversidad de opiniones entre los cristianos doctos. Por el contrario, el Canon del Nuevo Testamento sufrió cierta evolución, por cuanto los diferentes libros que lo componen habían sido dirigido a diferentes iglesias, y había de transcurrir algún tiempo hasta que fueran reconocidos universalmente y empleados en el culto divino. A mediados del siglo II se puede demostrar que eran universalmente reconocidos los Cuatro Evangelios, la Historia de los Hechos de los Apóstoles, el Apocalípsis, trece Epístolas de San Pablo (no la de los Hebreos) y, excepto la iglesia de Siria, la I Petri et Joann, y probablemente también la de Judas. Las cartas breves (2 Petr. 2 et 3 Joann) se usaron poco en el culto por la exiguidad de su contenido y por eso dejaron pocas huellas. La ad Hebr. que no llevaba el nombre de San Pablo, fue aceptada resueltamente por la Iglesia de Egipto, pero poco conocida en Occidente. Lo mismo aconteció a la Epístola de Santiago, que siempre fue reconocida en Egipto y Palestina. Desde este período dieron ocasión para tratar el Canon, los apócrifos gnósticos y católicos, el Nuevo Testamento de los Montanistas y la nueva Biblia de Marción. Muy pronto se llegó al acuerdo en rechazar los Apócrifos heréticos, por su oposición contra la tradición y los libros genuinos de los Apóstoles. Pero tuvo grandes dificultades el excluir del Canon los Apócrifos católicos y los escritos de los Padres apostólicos, por llevar los nombres de los Apóstoles (Acta Petri, Ep. De Bernabé) o de sus discípulos (Pastor). Hasta el siglo III no se obtuvo en esto el acuerdo unánime. Todavía exigió más largo tiempo la admisión de los escritos apostólicos discutidos en el siglo II (Antilegomena); pero en todo caso se logró durante el siglo IV. Por el contrario, la lucha contra los Montanistas movió a algunos a discutir algunos de los libros generalmente reconocidos. El presbítero romano Gayo, adversario resuelto de los Montanistas, rehusó el Apocalipsis, y los Alogos llegaron hasta rehusar todos los escritos de San Juan, como obra del hereje Cerinto.
by Editorial at 19-11-2020, 06:07 PM
Extracto del libro: Compendio de Historia de la Iglesia
Autor: Revmo. Sac. Dr. J. Marx, Prof. en el Seminario de Tréveris
IMPRIMATUR: Barcelona, 9 de Julio de 1926
NIHIL OBSTAT: El Censor, Ramón Llobedola, S. J.

Al cotejar entre sí los dogmas revelados, habían de fijarse los fieles, en primer lugar, en los de la Trinidad y Encarnación, y desde el principio profesaban: que no hay más que un solo Dios, Creador del mundo, y que Cristo es Dios. La primera verdad separaba a los judíos de los gentiles; la segunda separaba a los cristianos de los judíos. Ambas verdades se habían de conciliar entre sí distinguiendo en Dios la Unidad y la Trinidad, la cual se expresaba ya bastante claro en la fórmula del bautismo. Hasta el siglo II no se aplicó a estos problemas la reflexión científica, dando por ventura ocasión el politeísmo disimulado que en el Gnosticismo encerraba. Algunos tropezaron en la aparente contradicción del Misterio y se dejaron inducir a error, y, adoptando como lema Monarchiam tenemus, negaron la distinción real de las Personas divinas, por temor de incurrir en politeísmo. -Partiendo de este falso supuesto se había de apelar, respecto de Cristo, a) o a negar que fuera verdadero Dios, b) o a identificarlo con la Persona del Padre. Los monarquianos dinamistas veían en Cristo una virtud de Dios superior a la de los anteriores enviados (Ebionitas). Los otros eran modalistas, distinguiendo al Creador del Redentor sólo como modalidades diversas de una misma Persona divina, la cual, en cuanto crea es Padre y en cuanto se encarna es Hijo. Así, pues, el Dios que padeció por nosotros es el mismo Padre (Patripasianos). El libio Sabelio extendió esta concepción al Espíritu Santo. Estos errores nacieron en el Asia Menor y se extendieron desde allí a Italia y a África, y fueron principalmente rebatidos en Roma y en Alejandría.
1) Los monarquianos dinamistas o antitrinitarios, convenían con los Ebionitas, en afirmar que Cristo es puro hombre. Los hallamos en el Asia menor desde 180 y los principales fueron: a) Teodoto Coriario de Bizancio, que negó a Cristo en la persecución de Marco Aurelio y luego sostuvo que era un puro hombre nacido de una virgen. Llevó su error a Roma, de donde fue desterrado por el Papa Victor (189-199) b) Su Discípulo Teodoto el cambista mezcló esta herejía con gnosticismo, diciendo haber sido Cristo una aparición del eón Melquisedec, por lo cual sus discípulos se llamaron Melquisedecianos. Ayudado por su condiscípulo Asclepiodoto logró por breve tiempo engañar al confesor Natal (siendo Papa Ceferino, 199-217) y hacerle obispo de la secta. Se acusa a estos sectarios de falsificar las Escrituras y trastornar las verdades de la fe por medio de silogismos y procedimientos de la Filosofía pagana. Artemón o Artemas aparece más adelante en Roma como principal representante de la secta, la cual halló finalmente su más nombrado defensor. c) en el obispo de Antioquía Pablo de Samosata. Según él, vivía en Cristo-hombre el Verbo de Dios como fuerza impersonal. El carácter del heresiarca motivó tres sínodos de obispos asiáticos (entre ellos Firmiliano de Cesárea) celebrados en Antioquía, en el tercero de los cuales (269) fue convencido en una disputa por el presbítero antioqueno Malquión y luego depuesto. Con todo logró sostenerse en su sede como funcionario de la reina Zenobia de Palmira, amiga de los judíos, hasta que en 272 el Emperador Aureliano le arrojó de la ciudad después de tomarla. Los miembros del último sínodo hablan muy desfavorablemente del carácter y forma de vida de aquel hombre.
2) Los Patripasianos, llamados también Noetianos y Sabelianos, fueron: a) Noeto de Esmirna, excomulgado en 170 por su doctrina. b) Praxeas, el primero que llevó este error a Roma, enseñaba que Dios Padre se había encarnado en el seno de la Virgen y había padecido. Admitido primero en Roma como enemigo de los Montanistas, hubo de retractarse luego, y se dirigió a Cartago donde fue rebatido por Tertuliano. Epigono, discipulo de Noeto, halló asimísmo aceptación como enemigo de Montano, y formó un partido a cuya cabeza estuvieron Cleomenes y Sabelio. Su principal adversario fue el Autor de los Philosophumena (Hipólito), y el Papa Calisto (218-222) los excomulgó. Lo mismo este Papa que Ceferino afirmaron la unidad substancial del Padre y del Hijo; pero Hipólito, por haberlos entendido mal, los acusó de Sabelianismo y a su vez fue acusado de dualismo (Ditheismo). Sabelio fue de Libia a Roma en tiempo del Papa Ceferino, pero excomulgado por Calisto regresó a Libia, donde hizo prosélitos. Enseñaba que Dios es una unidad, sin distinción alguna, pero se manifiesta bajo tres aspectos o semblantes: en la creación como Padre; en la redención, como Hijo, y en la beatificación como Espíritu Santo; pero terminado el fin de la revelación, cada semblante vuelve a la Monás por systole. Los sabelianos fueron resueltamente combatidos por Dionisio de Alejandría (248-265), el cual se vio en situación difícil por haber llamado al Hijo de Dios Hechura de dios, afirmando “que no era antes de que fuera hecho” y se distinguía del Padre en la escencia, como la nave y el piloto. Acusado de herejía ante el Papa Dionisio, retiró aquellas frases. d) Berilio, obispo de Bostra, incurrió también en error. Pero convencido por Orígenes en un sínodo de Bostra, se retractó. Creía que, en Cristo, la Divinidad reemplazaba al alma humana, con lo cual fue precursor del Apolinarismo.
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