El Papa en la Biblia

#1
Introducción
A lo largo de la historia del pueblo de Israel encontraremos que siempre hubo alguien cuya figura representa la voz de Dios ante los hombres, seres humanos con muchos desperfectos, pero que aún así, han sido elegidos a lo largo de la historia para poder encaminar al pueblo.
Veamos la siguiente cita bíblica:
Deu 18:12 Porque todo el que practica estas cosas es abominable al Señor, tu Dios, y por causa de estas abominaciones. él desposeerá a esos pueblos delante de ti.

Deu 18:13 Tú serás irreprochable en tu trato con el Señor, tu Dios.

Deu 18:14 Porque las naciones que vas a desposeer escuchan a los astrólogos y adivinos, pero a ti el Señor no te permite semejante cosa.

Deu 18:15 El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo harás surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán.

Deu 18:16 Esto es precisamente lo que pediste al Señor. Tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: "No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré".

Deu 18:17 Entonces el Señor me dijo: "Lo que acaban de decir está muy bien.

Deu 18:18 Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene.

Deu 18:19 Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi Nombre, yo mismo le pediré cuenta.

Deu 18:20 Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá".

Deu 18:21 Tal vez te preguntes: "¿Cómo sabremos que tal palabra no la ha pronunciado el Señor?".

Deu 18:22 Si lo que el profeta decide en nombre del Señor no se cumple y queda sin efecto, quiere decir que el Señor no ha dicho esa palabra. El profeta ha hablado temerariamente: no le temas.


Claramente podemos visualizar en esta cita que a partir de Moisés, Dios eligió personas para liderar al pueblo, algunos fueron jueces, que tenían grandes falencias, como puede, ser Sansón o Gedeón, y otros, que fueron personas excepcionales en cuanto a conducta respecta. Pero también gente torpe. Esta Editorial conoce muy bien la Biblia, y no conocemos ningún pasaje bíblico que refiera a que estos jefes de pueblo no existirán más o que es solamente hasta la conclusión del Antiguo Testamento. Al contrario, encontraremos citas bíblicas de que estos jefes persisten tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento. A estas personas, en el Nuevo Testamento, las cuales son muchos de ellos torpes, quizás inservibles, inútiles, pero que en su corazón Dios sabe que aman a Dios a pesar de sus defectos, la Biblia les llama Padre, Papá, Papa; ya anunciado este título para el Nuevo Testamento en el libro de Isaías, en el pasaje que encontrará el lector a medida que vaya leyendo la presente nota.
En el presente tema a grandes rasgos presentaremos básicamente lo siguiente:
La figura Papal, varios avales bíblicos (además del dado en esta Introducción).
La imposición de manos, forma de transmitir el sacerdocio.
Cómo se eligió un sucesor para ser Obispo (San Pedro no deja de ser Obispo) y los Obispos actuales son los sucesores de los Apóstoles.
Es decir, tras los primeros apóstoles, vinieron atrás sus discípulos, también Obispos como Marcos (discípulo de Pedro y Pablo), Lucas (discípulo de Pablo), San Ignacio de Antioquía (discípulo de San Juan el Apóstol), Tito y Timoteo que ambos eran discípulos de Pablo. Pero todos sabían y tenían muy presente la necesidad de una autoridad que rigiera a todos. Siendo Pedro tal figura. Es decir, el Papa.


Desarrollo del contenido:

Vamos a ver quien tiene autoridad en la Iglesia:


Hch 1:14 Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

Hch 1:15 Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos - el número de los reunidos era de unos ciento veinte - y les dijo:

Hch 1:16 «Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas, el que fue guía de los que prendieron a Jesús.

Hch 1:17 Porque él era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio.

Hch 1:18 Este, pues, compró un campo con el precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas. -

Hch 1:19 Y esto fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén de forma que el campo se llamó en su lengua Haqueldamá, es decir: "Campo de Sangre" -

Hch 1:20 Pues en el libro de los Salmos está escrito: Quede su majada desierta, y no haya quien habite en ella. Y también: Que otro reciba su cargo.

Hch 1:21 «Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros,

Hch 1:22 a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección.»

Hch 1:23 Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías.

Hch 1:24 Entonces oraron así: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido,

Hch 1:25 para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse adonde le correspondía.»

Hch 1:26 Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles.


Vemos en el primer versículo que incluso estaba María, la madre de Jesús. Los hermanos referidos en este primer versículo citado no es de ningún hijo biológico de María, porque mirá que son más de 120, ojo. No vaya alguno a venirme con que es mitad coneja María. Ojo. Vale la pena aclarar el punto.


Después, Pedro es quien indica de designar un sucesor que ocupe el lugar vacante y la suerte recae sobre Matías. La iniciativa es de Pedro, el resto acata., y esta cuestión no es que es para que quede en un número de 12 los Obispos, pues eran más de 120 hermanos, más de uno de los mismos terminó siendo Obispo posteriormente, incluso San Pablo en su momento. Es decir, la cantidad nunca quedó fijada en 12. Sino que al contrario, debía no achicarse, sino ser cada día un poco mayor esa cantidad


Tenemos una sucesión. Hay una sucesión. Pedro como Cabeza sustituta tomó la palabra y designó a alguien que ocupe una "vacante" por la reciente "retirada" mediante suicidio de Judas Iscariote. Quiere decir que la VERDADERA IGLESIA QUE CRISTO FUNDÓ tiene sacerdotes, tiene Obispos, pue hay una sucesión. Y si tiene Obispos, y tiene presbíteros, éstos responden a una Cabeza, aunque esta sea sustituta, Cristo mismo fue quien tomó esa decisión.

¿Alguno puede decir lo contrario?

Te diré de antemano que no.



1Ti 5:19 No admitas ninguna acusación contra un presbítero si no viene con el testimonio de dos o tres.


San Pablo dice que hay presbíteros, no todos son Obispos, hay presbíteros. Si una acusación le indicaba Pablo a Timoteo que no le de trascendencia si la misma procedía de una sola persona, en forma individual y sin respaldo alguno. Quiere decir que para reprender a un presbítero de esa forma, Timoteo era Obispo también. No nos quedamos ni con Matías ni con Pablo entonces. Hubo más.


También en el mismo pasaje seguimos con lo siguiente:


1Ti 5:20 A los culpables, repréndeles delante de todos, para que los demás cobren temor.

1Ti 5:21 Yo te conjuro en presencia de Dios, de Cristo Jesús y de los ángeles escogidos, que observes estas recomendaciones sin dejarte llevar de prejuicios ni favoritismos.

1Ti 5:22 No te precipites en imponer a nadie las manos, no te hagas partícipe de los pecados ajenos. Consérvate puro.


Es decir, Timoteo, confirmamos que era Obispo, pues está hablando de presbíteros (sacerdotes) y el mismo, imponía las manos a las personas para que reciban el poder del Espíritu Santo acorde a la clase clerical que es un sacerdote, o bien, un diácono.


Por ahí alguno dirá que no. Que Timoteo está en la Biblia y ahi quedó todo, Pablo también. Vemos otro caso entonces.


Tit 1:5 El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené.


Caso Tito, Pablo le había indicado a Tito, que establezca presbíteros en cada ciudad, Es decir. Tito era también un Obispo. Debemos recordar que estas son cartas personales, de recomendaciones, Pablo nunca dejó de ser un entendido de la Ley, su palabra era bien escuchada por todos, por hablar con toda propiedad en innumerables ocasiones.


Tenemos que los Obispos (sucesores de los Apóstoles) no quedaron en 12, que hubo más de 12 por ende, porque al menos tenemos a Pablo, a Tito y a Timoteo como tales. Que cada uno ordenó presbíteros y disponía de los mismos para establecer al menos 1 en cada ciudad que era evangelizada.


El Papa entonces, que no deja de ser un Obispo, porque desde Pedro al día de la fecha, el Papa es Obispo de Roma, tiene una sucesión como tal, hasta que Él venga. Ocupa un lugar, dispuesto por Cristo mismo. Está en la Biblia.



Mat 16:14 Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.»

Mat 16:15 Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?»

Mat 16:16 Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Mat 16:17 Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Mat 16:18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Mat 16:19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Mat 16:20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.



Si le dice tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, no está refiriendo a Pedro como PIEDRA FUNDAMENTAL que es Cristo, sino como una piedrita, que dirigirá la Iglesia hasta que Él retorne.

Si dice "y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" lo cual remite a los DOGMAS DE FE, que no todo es DOGMA EN SI, sino que los dogmas son escasos, no llegan 50, son cuestiones básicas de la Fe Cristiana. ¿O alguno referirá estaba hablando Cristo con él mismo?

Si Cristo decía lo que desates quedará desatado, refiriendose a lo que él desataba quedaba desatado, no tiene mucho sentido que se haya expresado así. Meditalo, digerilo. Y cualquiera, a disposición.



¿De dónde viene esto? Ya estaba anunciado en el Antiguo Testamento:


Isa 22:15 Así habla el Señor de los ejércitos: "Ve a encontrarte con ese intendente, Sebná, el mayordomo de palacio,

Isa 22:16 que talla su sepulcro en la altura y se cava una morada en la roca. ¿Qué tienes y a quién tienes aquí, para tallarte aquí un sepulcro?

Isa 22:17 Mira que el Señor te arroja de un solo golpe, hombre fuerte; te envuelve bien envuelto,

Isa 22:18 te ata fuerte como un ovillo y te arroja como una bola a un país de vastas dimensiones. Allí morirás, y allí irán a parar los carruajes que eran tu gloria, ¡tú, deshonra de la casa de tu señor!

Isa 22:19 Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo.

Isa 22:20 Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías;

Isa 22:21 lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.

Isa 22:22 pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá.

Isa 22:23 Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.

Isa 22:24 De él estará suspendida toda la gloria de la casa de su padre: retoños y gajos, todos los vasos pequeños, desde las tazas hasta las vasijas de todas clases.

Isa 22:25 Aquel día -oráculo del Señor de los ejércitos- cederá la estaca clavada en un sitio firme, se quebrará, caerá, y la carga que estaba sobre ella será destruida, porque ha hablado el Señor.



Las llaves de la casa de David, por lo tanto, las tiene un Mayordomo, al que le llamamos Papa. Hasta el retorno del Rey (2da Venida).


Por último:


Hch 5:34 Pero un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles,

Hch 5:35 dijo a los del Sanedrín: "Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres.

Hch 5:36 Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.

Hch 5:37 Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron.

Hch 5:38 Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo,

Hch 5:39 pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios". Los del Sanedrín siguieron su consejo:



Lo que es de Dios, debió haber perdurado en el tiempo, es decir, hoy debe haber una sola Iglesia que Cristo fundó, y con un Papa (padre), el mayordomo del Palacio, quien tiene las llaves de la casa de David.


   

Lucas 12

41 Entonces Pedro dijo: Señor, ¿nos dices esta parábola a nosotros, o también a todos los demás? 42 Y el Señor dijo: ¿Quién es, pues, el mayordomo fiel y prudente a quien su señor pondrá sobre sus siervos para que a su tiempo les dé sus raciones? 43 Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. 44 De verdad os digo que lo pondrá sobre todos sus bienes.





Figura del MAYORDOMO en el Antiguo Testamento





Gén 24:2 Abraham dijo al siervo más viejo de su casa y mayordomo de todas sus cosas: «Ea, pon tu mano debajo de mi muslo,

Gén 24:3 que voy a juramentarte por Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos con los que vivo;

Gén 24:4 sino que irás a mi tierra y a mi patria a tomar mujer para mi hijo Isaac.»


Gén 24:5 Díjole el siervo: «Tal vez no quiera la mujer seguirme a este país. ¿Debo en tal caso volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?»

Gén 24:6 Díjole Abraham: «Guárdate de llevar allá a mi hijo.

Gén 24:7 Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que me tomó de mi casa paterna y de mi patria, y que me habló y me juró, diciendo: "A tu descendencia daré esta tierra", él enviará su Ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo.

Gén 24:8 Si la mujer no quisiere seguirte, no responderás de este juramento que te tomo. En todo caso, no lleves allá a mi hijo.»

Gén 24:9 El siervo puso su mano debajo del muslo de su señor Abraham y le prestó juramento según lo hablado.

Gén 24:10 Tomó el siervo diez camellos de los de su señor y de las cosas mejores de su señor y se puso en marcha hacia Aram Naharáyim, hacia la ciudad de Najor.

Gén 24:11 Hizo arrodillar al los camellos fuera de la ciudad junto al pozo, al atardecer, a la hora de salir las aguadoras,

Gén 24:12 y dijo: «Yahveh, Dios de mi señor Abraham: dame suerte hoy, y haz favor a mi señor Abraham.

Gén 24:13 Voy a quedarme parado junto a la fuente, mientras las hijas de los ciudadanos salen a sacar agua.

Gén 24:14 Ahora bien, la muchacha a quien yo diga "Inclina, por favor, tu cántaro para que yo beba", y ella responda: "Bebe, y también voy a abrevar tus camellos", ésa sea la que tienes designada para tu siervo Isaac, y por ello conoceré que haces favor a mi señor.»

Gén 24:15 Apenas había acabado de hablar, cuando he aquí que salía Rebeca, hija de Betuel, el hijo de Milká, la mujer de Najor, hermano de Abraham, con su cántaro al hombro.

Gén 24:16 La joven era de muy buen ver, virgen, que no había conocido varón. Bajó a la fuente, llenó su cántaro y subió.

Gén 24:17 El siervo corrió a su encuentro y dijo: «Dame un poco de agua de tu cántaro.»

Gén 24:18 «Bebe, señor», dijo ella, y bajando en seguida el cántaro sobre su brazo, le dio de beber.

Gén 24:19 Y en acabando de darle, dijo: «También para tus camellos voy a sacar, hasta que se hayan saciado.»

Gén 24:20 Y apresuradamente vació su cántaro en el abrevadero y corriendo otra vez al pozo sacó agua para todos los camellos.

Gén 24:21 El hombre la contemplaba callando para saber si Yahveh había dado éxito o no a su misión.

Gén 24:22 En cuanto los camellos acabaron de beber, tomó el hombre un anillo de oro de medio siclo de peso, que colocó en la nariz de la joven, y un par de brazaletes de diez siclos de oro en sus brazos,

Gén 24:23 y dijo: «¿De quién eres hija? Dime: ¿hay en casa de tu padre sitio para hacer noche?»

Gén 24:24 Ella le dijo: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milká dio a Najor.»

Gén 24:25 Y agregó: «También tenemos paja y forraje en abundancia, y sitio para pasar la noche.»

Gén 24:26 Entonces se postró el hombre y adoró a Yahveh,

Gén 24:27 diciendo: «Bendito sea Yahveh, el Dios de mi señor Abraham, que no ha retirado su favor y su lealtad para con mi señor. Yahveh me ha traído a parar a casa del hermano de mi señor.»

Gén 24:28 La joven corrió a anunciar a casa de su madre todas estas cosas.

Gén 24:29 Tenía Rebeca un hermano llamado Labán. Este corrió donde el hombre, afuera, a la fuente.

Gén 24:30 En efecto, en cuanto vio el anillo y los brazaletes en los brazos de su hermana, y oyó decir a su hermana Rebeca: «Así me ha hablado aquel hombre», se llegó a donde él. Le encontró todavía junto a los camellos cerca de la fuente,

Gén 24:31 y le dijo: «Ven, bendito de Yahveh. ¿Por qué te quedas parado fuera, si yo he desocupado la casa y he hecho sitio para los camellos?»

Gén 24:32 El hombre entró en la casa, y Labán desaparejó los camellos, les dio paja y forraje, y al hombre y a sus acompañantes agua para lavarse los pies.

Gén 24:33 Después les sirvió de comer, pero el otro dijo: «No comeré hasta no haber dicho lo que tengo que decir.» A lo que respondió Labán: «Habla.»

Gén 24:34 «Yo soy, dijo, siervo de Abraham.

Gén 24:35 Yahveh ha bendecido con largueza a mi señor, que se ha hecho rico, pues le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y esclavas, camellos y asnos.

Gén 24:36 Y Sara, la mujer de mi señor, envejecida ya, dio a luz un hijo a mi señor, que le ha cedido todo cuanto posee.

Gén 24:37 En cuanto a mí, mi señor me ha tomado juramento, diciendo: "No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos en cuyo país resido.

Gén 24:38 ¡Como no vayas a casa de mi padre y a mi parentela a tomar mujer para mi hijo...!"

Gén 24:39 Yo dije a mi señor: "¿Y si acaso no me sigue la mujer?"

Gén 24:40 Y él me dijo: "Yahveh, en cuya presencia he andado, enviará su Ángel contigo, y dará éxito a tu viaje, y así tomarás mujer para mi hijo de mi parentela y de la casa de mi padre.

Gén 24:41 Entonces quedarás libre de mi maldición, cuando llegues a mi parentela; y si no te la dieren también quedarás libre de mi maldición.»

Gén 24:42 Pues bien: llego hoy a la fuente y me digo: "Yahveh, Dios de mi señor Abraham, si en efecto das éxito a este mi viaje,

Gén 24:43 aquí me quedo parado junto a la fuente. La doncella que salga a sacar agua, y yo le diga: Dame de beber un poco de agua de tu cántaro

Gén 24:44 y ella me responda: Bebe tú, y voy a sacar también para tus camellos, ésa será la mujer que Yahveh tiene destinada para el hijo de mi señor."

Gén 24:45 Apenas había acabado de hablar conmigo mismo, cuando he aquí que Rebeca salía con su cántaro al hombro, bajó a la fuente y sacó agua. Yo le dije: "Ea, dame de beber",

Gén 24:46 y enseguida bajó su cántaro del hombro y dijo: "Bebe, y también voy a abrevar tus camellos." Bebí, pues, y ella abrevó también los camellos.

Gén 24:47 Yo le pregunté: "¿De quién eres hija?" Me respondió: "Soy hija de Betuel, el hijo que Milká dio a Najor." Entonces puse el anillo en su nariz, y los brazaletes en sus brazos,

Gén 24:48 y postrándome adoré a Yahveh, y bendije a Yahveh, el Dios de mi señor Abraham, que me había puesto en el buen camino para tomar a la hija del hermano de mi señor para su hijo.

Gén 24:49 Ahora, pues, decidme si estáis dispuestos a usar de favor y lealtad para con mi señor, y si no, decídmelo también, para que yo tire por la derecha o por la izquierda.»

Gén 24:50 Respondieron Labán y Betuel: «De Yahveh ha salido este asunto. Nosotros no podemos decirte está mal o está bien.

Gén 24:51 Ahí tienes delante a Rebeca: tómala y vete, y sea ella mujer del hijo de tu señor, como ha dicho Yahveh.»

Gén 24:52 Cuando el siervo de Abraham oyó lo que decían, adoró a Yahveh en tierra.

Gén 24:53 Acto seguido sacó el siervo objetos de plata y oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También hizo regalos a su hermano y a su madre.

Gén 24:54 Luego comieron y bebieron, él y los hombres que le acompañaban, y pasaron la noche. Por la mañana se levantaron, y él dijo: «Permitidme que marche donde mi señor.»

Gén 24:55 El hermano y la madre de Rebeca dijeron: «Que se quede la chica con nosotros unos días, por ejemplo diez. Luego se irá.»

Gén 24:56 Mas él les dijo: «No me demoréis. Puesto que Yahveh ha dado éxito a mi viaje, dejadme salir para que vaya donde mi señor.»

Gén 24:57 Ellos dijeron: «Llamemos a la joven y preguntémosle su opinión.»

Gén 24:58 Llamaron, pues, a Rebeca, y le dijeron: «¿Qué? ¿te vas con este hombre?» «Me voy», contestó ella.

Gén 24:59 Entonces despidieron a su hermana Rebeca con su nodriza, y al siervo de Abraham y a sus hombres.

Gén 24:60 Y bendijeron a Rebeca, y le decían: «¡Oh hermana nuestra, que llegues a convertirte en millares de miríadas, y conquiste tu descendencia la puerta de sus enemigos!»

Gén 24:61 Levantóse Rebeca con sus doncellas y, montadas en los camellos, siguieron al hombre. El siervo tomó a Rebeca y se fue.

Gén 24:62 Entretanto, Isaac había venido del pozo de Lajay Roí, pues habitaba en el país del Négueb.

Gén 24:63 Una tarde había salido Isaac de paseo por el campo, cuando he aquí que al alzar la vista, vio que venían unos camellos.

Gén 24:64 Rebeca a su vez alzó sus ojos y viendo a Isaac, se apeó del camello,

Gén 24:65 y dijo al siervo: «¿Quién es aquel hombre que camina por el campo a nuestro encuentro?» Dijo el siervo: «Es mi señor.» Entonces ella tomó el velo y se cubrió.

Gén 24:66 El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho,

Gén 24:67 e Isaac introdujo a Rebeca en la tienda, tomó a Rebeca, que pasó a ser su mujer, y él la amó. Así se consoló Isaac por la pérdida de su madre.






En este pasaje encontramos que Abraham tenía un mayordomo, quien era su ciervo más viejo, de mayor confianza, tanto, que administraba todos sus bienes. Incluso le pide que busque una mujer para su propio hijo, bajo ciertas condiciones ya pre-establecidas.




Gén 43:16 José vio con ellos a Benjamin, y dijo a su mayordomo: «Lleva a esos hombres a casa, mata algún animal y lo preparas, porque esos hombres van a comer conmigo a mediodía.»

Gén 43:17 El hombre hizo como le había dicho José, y llevó a los hombres a casa de José.

Gén 43:18 Ellos se asustaron porque se les llevaba a casa de José, y dijeron: «Es por lo de la plata devuelta en nuestros sacos la otra vez, por lo que se nos trae acá, para ponernos alguna trampa, caer sobre nosotros y reducirnos a esclavitud, junto con nuestros asnos.»

Gén 43:19 Y acercándose al mayordomo de José le dijeron a la puerta de la casa:

Gén 43:20 «Por favor, señor, nosotros bajamos anteriormente a comprar víveres.

Gén 43:21 Pero resultó que cuando fuimos a hacer noche y abrimos nuestras talegas de grano, nos encontramos con que la plata de cada uno estaba en la boca de su talega, nuestra plata bien pesada, y la hemos devuelto con nosotros,

Gén 43:22 y además traemos con nosotros más plata para comprar víveres. Ignoramos quién puso nuestra plata en nuestras talegas.»

Gén 43:23 Díjoles: «La paz sea con vosotros, no temáis. Vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os puso ese tesoro en las talegas. Vuestra plata ya me llegó.» Y les sacó a Simeón.




En el capítulo 43, encontramos en el mencionado pasaje que José tenía un mayordomo, y el mismo responde como si del mismo José se tratase, porque siendo una persona de confianza de José, conocía sus sentires.






1Re 4:6 Ajisur mayordomo; Eliab, hijo de Joab, jefe del ejército; Adoram hijo de Abdá, encargado de las levas.




En esta cita, encontramos que el Rey Salomón, tenía un MAYORDOMO, no sabemos lo que hizo porque únicamente está mencionado en esta cita, pero sí sabemos que David no tiene mención de tener un mayordomo. Bajo la mirada histórica según la Ley, el Rey David representa al Antiguo Testamento y el Rey Salomón al Nuevo Testamento, pues este último es quien construye un Templo para Dios, habiéndole negado Dios mismo su construcción al Rey David. Es decir, en el Nuevo Testamento, debe haber un Mayordomo, pues el Nuevo Testamento es quien construye el Templo.




Citas bíblicas para acompañar el último párrafo:


Jua 14:1 «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí.

Jua 14:2 En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar.

Jua 14:3 Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros.

Jua 14:4 Y adonde yo voy sabéis el camino.»

Jua 14:5 Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jua 14:6 Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Jua 14:7 Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.»

Jua 14:8 Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»

Jua 14:9 Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?


Aclaratoria de este pasaje: cuando habla Cristo mismo de que va a preparar un lugar en casa de nuestro Padre, se trata del Nuevo Testamento. El Cuerpo de Cristo que se encuentra en el mismo. Es la construcción del Templo. Nuevo Testamento, consecuentemente, tiene un MAYORDOMO así como lo tuvo el Rey Salomón.


Asimismo, en este pasaje refiere a que quien ha visto a Cristo, ha visto al Padre mismo, para quienes digan que hay 2 conciencias distintas, este pasaje contradice esos dichos.




Luc 22:28 «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas;

Luc 22:29 yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí,

Luc 22:30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Luc 22:31 «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;

Luc 22:32 pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»




En el presente pasaje Cristo mismo anuncia que dispone un Reino para sus seguidores. Este Reino, debe permanecer el tiempo quiere decir, y si dispuso a los Apóstoles un Reino, hoy debe continuar el mismo. En los versículos 31 y 32 tenemos a Simón (quien luego sería el Primer Papa, el Mayordomo del Palacio, del Reino) con una promesa del mismo Cristo de que velaría por él, para que Satanás no lo ande zarandeando como lo haría con el resto.

Es decir, que en el Nuevo Testamento corresponde la presencia de un Mayordomo ante la ausencia del Rey que corresponde al período comprendido entre la resurrección de Cristo, hasta la 2da Venida. Siendo Cristo Sumo Sacerdote, y la clase levita del Antiguo Testamento pasan a ser los Obispos y presbíteros, bajo la guarda de un Mayordomo, pues Sumo y eterno sacerdote es Cristo únicamente.
Responder
#2
El tema que quiero tocar en si no trata del Papado en si, pero tiene como base la sucesión apostolica.

La cuestión es la siguiente:

1) Jesús llamo a 12 Apostoles Luego quedaron 11 ya que Judas se suicido, en hechos de los apostoles, a judas lo sustituye Matías.

2) Si la sucesión apostolica es por imposición de manos, ¿Porque a Matías no le impusieron las manos?

3) Y en este tercer argumento quiero presentar un texto que me confunde un poco y es Galatas 1 v 11 al 24 donde Pablo dice que no recibio el apostolado de parte de hombres y que despues de 3 años recien ahi conoció a los apostoles... Pero el libro de hechos en el capitulo 9 narra la conversión de Saulo (Pablo) y dice que Ananias le impuso las manos, pero Ananias no era Apostol para que Pablo recibiera la sucesión apostolica. En hecho 9 v 26 dice que llego a Jerusalem, pero no estuvo con los apostoles, ya que en Galatas 1 v 18 dice que pasaron 3 años y estuvo con Pedro.

¿Entonces el Apostol Pablo fue a Apostol sin sucesión Apostolica?

Segundo
Responder
#3
¿Cómo estás, Lito?
Ese es el problema del protestantismo en general, pasar por alto que incluso a Pablo le impusieron las manos.
Hch 13:1 Había en la Iglesia fundada en Antioquía profetas y maestros: Bernabé, Simeón llamado Níger, Lucio el cirenense, Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.
Hch 13:2 Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.»
Hch 13:3 Entonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y les enviaron.
Profetas y maestros, es a ellos a quienes hoy les llamamos Patriarcas en la Iglesia Católica. El Papa además de Papa es Patriarca del rito latino y de los ritos orientales que no tengan Patriarca.
En mi caso particular, armenio, tenemos un Patriarca armenio católico.
El Patriarca es el único quien tiene la atribución de nombrar Obispos. Éste, a su vez, depende del Papa.
Es por ello, que la forma más fácil de visualizar la sucesión apostólica es a través de los Papas que han habido a lo largo de la historia. Porque es de quienes contamos con un poco más de información, del resto, salvo personas notables, como pueden ser San Ignacio de Antioquía, San Policarpo, y tantos otros pero que no son muchos, sólo tenemos información a través de cartas que se han conservado, o de la Historia Eclesiástica de San Eusebio, y algunas escasas referencias más.
A Pablo le impusieron las manos los Patriarcas que se encontraban en Antioquía, que era la gran escuela de la cristiandad del siglo I. Donde se llamaron a los seguidores de Cristo como cristianos, por primera vez. Y donde nuevamente, a estos cristianos, se les llamó católicos años más tarde (107, en la carta de San Ignacio de Antioquía a los cristianos de Esmirna).
Pablo a su vez, impuso las manos a Timoteo y a Tito, entre otros, y así llegamos hasta el presente. Pero debo insistir, con que del siglo I, sólo tenemos la Biblia como referencia fundamental e incluso no sabemos más que lo que allí dice, por ejemplo el caso de San Judas Tadeo, que las pocas líneas escritas de él, es lo que se sabe hoy en día. Algún documento como la Didaché, que es del año 70, y la carta de San Clemente. 
Cristo dejó una garantía sobre la Iglesia que fundó, la cual es el Espíritu Santo, y no a los hombres en sí. Es por ello, que la imposición de manos hasta llegar a Cristo, es que Dios mismo les ordena sacerdotes, obispos (que son los Apóstoles).
Ningún protestante puede contestarme que si Pablo era el último Apóstol y después no hubo más nada, ¿Cómo es que tienen en la Biblia libros como el de Marcos, Lucas, o leen las cartas a Timoteo y a Tito, que han venido después?
Existe una sucesión, y ella es por imposición de manos.
Espero haya sido suficiente información esta respuesta.
Hch 11:26 y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».
Responder
#4
Excelente tu comentario... Es decir que Pablo recibió el apostolado del Patriarcado de Antioquia, por eso en Galatas dice que despues de 3 años subió a Jerusalem, pero ya en ese entonces era Apostol por la imposición de los Patriarcas de Antioquia.

Si puedes comentar un poco más sobre Galatas 1 v 11 al 18

Gracias!!
Responder
#5
(09-07-2021, 10:37 PM)Lito escribió: Excelente tu comentario... Es decir que Pablo recibió el apostolado del Patriarcado de Antioquia, por eso en Galatas dice que despues de 3 años subió a Jerusalem, pero ya en ese entonces era Apostol por la imposición de los Patriarcas de Antioquia.

Si puedes comentar un poco más sobre Galatas 1 v 11 al 18

Gracias!!

Gál 1:11 Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano,
Gál 1:12 pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
Gál 1:13 Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba,
Gál 1:14 y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres.
Gál 1:15 Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien
Gál 1:16 revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre,
Gál 1:17 sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco.
Gál 1:18 Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía.
Gál 1:19 Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor.
Gál 1:20 Y en lo que os escribo, Dios me es testigo de que no miento.
Gál 1:21 Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia;
Gál 1:22 pero personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo.
Gál 1:23 Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir».
Gál 1:24 Y glorificaban a Dios a causa de mí.

El tema es que para hacerte comentario de Gálatas 1, hay otras cosas que deberías entender, y deberemos recurrir a la historia, como te he planteado, sabemos poco y nada por lo que refiere la Biblia, sin embargo, ningún libro que trate de Iglesia Primitiva y no cite a San Eusebio o a San Irineo, podrá catalogarse como cosa seria. Y cortaste en el versículo 18, supongo para no caer en el tema de Santiago, el hermano del Señor. Pero es parte de la explicación.

En primer lugar, Pablo les recordaba a los Gálatas que en un inicio, él fue un perseguidor de la Iglesia que Cristo había fundado. Estaba en Jerusalén mientras perseguía a los cristianos, lugar en el que Santiago, era Obispo, refiriendo a Santiago el Justo, llamado el hermano del Señor porque si bien no es hermano de sangre de Cristo, sino pariente; fue criado por José (padre adoptivo de Cristo) cuando era niño. Cristo y Santiago el Justo crecieron juntos. Esta referencia, también la refiere San Eusebio.
Refiere también que aquella persecución la realizaba con un celo judáico superior al de sus antepasados (porque su celo era como si Cristo no hubiera venido).

Finalizaremos con un par de cosas importantes, pero primero con lo que más te interesa: aquellos  versículos 11 y 12: Creo que ninguno, al menos en la teoría (porque con el accionar, dicen otra cosa), afirmaría que uno se forma a uno mismo. Pablo tampoco lo hizo, es Dios quien mide los corazones, abre y cierra los mismos acorde a los pensamientos que tengamos. Por tanto, Pablo refiere a que no es revelación de palabras de hombre las que él predica, sino que son por instrucción de Dios; siguiendo sus mandatos se recibe esa instrucción.
De hecho, siquiera en el Antiguo Testamento se encontraba permitido el hecho de interpretar por cuenta propia a las Sagradas Escrituras, sino siguiendo a los MAESTROS.
Por ejemplo:
Neh 8:5 Esdras abrió el libro a los ojos de todo el pueblo - pues estaba más alto que todo el pueblo - y al abrirlo, el pueblo entero se puso en pie.
Neh 8:6 Esdras bendijo a Yahveh, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!»; e inclinándose se postraron ante Yahveh, rostro en tierra.
Neh 8:7 (Josué, Baní, Serebías, Yamín, Aqcub, Sabtay, Hodiyías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Yozabad, Janán, Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo que seguía en pie.)
Neh 8:8 Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que comprendieran la lectura.
Hoy es un día santo
Neh 8:9 Entonces (Nehemías - el Gobernador - y) Esdras, el sacerdote escriba (y los levitas que explicaban al pueblo) dijeron a todo el pueblo: «Este día está consagrado a Yahveh vuestro Dios; no estéis tristes ni lloréis»; pues todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.

Es por ello, que en la misa católica, podés notar que cuando el sacerdote lee el Evangelio, la Asamblea se pone de pie, y luego de su lectura, se da gloria a Dios y la Asamblea se sienta para escuchar las explicaciones de lo leído. A diferencia de los protestantes, que en todo momento se encuentran sentados mientras leen.

En el caso de Pablo, tampoco se formó a sí mismo, sino que recibió instrucción, y la Biblia afortundamente dice de quién la había recibido: Gamaliel. Gamaliel era de los más respetados maestros judíos de la época, San Pablo siguió la instrucción de Dios acorde a lo que se le había revelado. En sus primeros días de conversión, San Pablo predicó lo que sabía: el Bautismo de Juan, Priscila y Aquila le encontraron, y le dieron las primeras catequesis cristianas con un poco más de detalle, pues sólo sabía de oídas. En otras palabras, ni de Ley Judía, ni del Nuevo Testamento, San Pablo ha recibido una descarga de información al estilo "matrix", sino que todo se le ha explicado de "boca en boca". Sé bien que aunque confundido, tenés presente la Biblia, y que podrás relacionar lo que te estoy comentando, con lo que ya sabés.
Tené presente:
1) Que Pablo no perseguía una "iglesia invisible" en la que cualquiera decía cualquier doctrina y "estaba todo okay".
2) 2Pe 1:20 Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia;
2Pe 1:21 porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios.

Estas palabras, dichas por Pedro, quien habia sido instruido por Cristo; se mantienen constante a través del tiempo a través de la sucesión apostólica. Porque por ejemplo Tito, Lucas o Timoteo, bien podrían decir lo mismo, por transmitir la enseñanza recibida acorde a la sabiduría que les fueren otorgadas de forma fiel; aunque no estuvieron con Cristo en un "cara a cara" viéndole con sus propios ojos.

Respecto de Santiago, mencionado en Gálatas 1, te citaré un poco de San Eusebio de Cesarea, quien da información al respecto, y que entre otras cosas, afirma que Santiago el Justo, tenía voto nazoreo (como Sansón, no se cortaba el cabello). Pronto se estarán publicando los 3 libros completos de San Eusebio en el portal.

"XXIII 1. Los judíos, cuando vieron perdida la esperanza que les animé a tramar un complot contra Pablo (pues éste, al apelar al César, fue enviado por Festo a Roma), se dirigieron contra Jacobo (Santiago), el hermano del Señor, a quien los apóstoles entregaron el trono del episcopado de Jerusalén. Del modo siguiente osaron actuar contra él:
2. Lo colocaron en el medio e intentaron hacerle negar la fe en Cristo ante todo el pueblo. Pero él, para sorpresa de todos, con una voz libre empezó a hablar con mayor seguridad de lo previsto y confesaba que nuestro Salvador y Señor Jesús es el hijo de Dios. Ya no pudieron soportar el testimonio de un hombre tan grande, el cual era considerado el más justo de todos por la altura de sabiduría y piedad que había alcanzado a lo largo de toda su vida, y lo asesinaron, aprovechando la anarquía debida a que, muerto por aquel tiempo Festo en Judea, la dirección del país quedó sin gobernar y sin control.
3. En una cita de Clemente mencionada anteriormente, se ha expuesto con claridad
cómo se llevó a cabo la muerte de Jacobo; en ella relata que fue lanzado desde el pináculo del templo y le golpearon con palos hasta la muerte. Sin embargo, es Hegesipo (miembro de la sucesión de los apóstoles) quien expone más exactamente su vida; en el libro V de sus Memorias se refiere lo siguiente:
4. «Jacobo, el hermano del Señor, es el sucesor, con los apóstoles, del gobierno de la iglesia. A éste todos le llaman "Justo" ya desde el tiempo del Señor y hasta nosotros, porque muchos se llamaban Jacobo.
5. »No obstante, sólo él fue santo desde el vientre de su madre; no bebió vino ni bebida fermentada; ni tocó carne; no pasó navaja alguna sobre su cabeza ni fue ungido con aceite; y tampoco usó del baño.
6. »Sólo él tenía permitido introducirse en el santuario, porque su atuendo no era de lana, sino de lino. Asimismo, únicamente él entraba en el templo, donde se hallaba arrodillado y rogando por el perdón de su pueblo, de manera que se encallecían sus rodillas como las de un camello, porque siempre estaba prosternado sobre sus rodillas humillándose ante Dios y rogando por el perdón de su pueblo.
7. »Por la exageración de su justicia le llamaban "Justo" y "Oblías , que en griego significa protección del pueblo y justicia, del mismo modo que los profetas dan a entender acerca de él.
8. »Algunas de las siete sectas del pueblo, las que ya mencioné antes(en las Memorias), procuraban aprender de él acerca de la puertade Jesús, y él les decía que se trataba del Salvador.
9. »Unos cuantos de ellos creyeron que Jesús era el Cristo. Pero las sectas, a las que hemos aludido, no creyeron en la resurrección ni en su inminente regreso para pagar a cada uno según sus obras; no obstante, todos los que creyeron lo hicieron por medio de Jacobo.
10. »Muchos fueron los convertidos, incluso entre los principales, y por ello hubo alboroto entre los judíos, los escribas y los fariseos, y decían que el pueblo peligraba aguardando al Cristo. Reuniéndose entonces ante Jacobo le decían: "Te lo rogamos: sujeta al pueblo, pues se encuentran engañados acerca de Jesús y creen que él es el Cristo.
Te rogamos que aconsejes, acerca de Jesús, a cuantos acudan el día de la Pascua, pues todos te obedecemos. Porque nosotros y todo el pueblo damos testimonio de que tú eres justo y no haces acepción de personas."
Hch 11:26 y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».
Responder
#6
Bien

Los ortodoxos griegos tiñen sucesión Apostólica y porqué los anglicanos no??
Responder
#7
(10-07-2021, 07:46 AM)Lito escribió: Bien

Los ortodoxos griegos tiñen sucesión Apostólica y porqué los anglicanos no??

Porque tanto los griegos, como rusos, sirios y tantas otras iglesias orientales que sean ortodoxas tienen un Patriarca; éstos son los que nombran Obispos, conservando la sucesión hasta Cristo. Los Patriarcas son elegidos por medio de votación por parte de los Obispos una vez que muere este tal como se enseña en el primer Concilio de Jerusalén.
Los anglicanos, aunque son cercanos en creencias y forma ritual a la Iglesia Católica, tienen obispos que han sido nombrados por la Reina de Inglaterra, quien es cabeza de la iglesia anglicana. Es por ello que han perdido la sucesión Apostólica hace varios siglos ya.
Podrás ver a través de la historia frases como "el emperador tal nombró Obispo a tal persona", esto, aunque la Iglesia no veía con buenos ojos esta cuestión en particular, sucedía, sin embargo es a modo de expresión que se utilizan aquellas frases. Algún emperador o rey a lo largo de la historia proponía a una persona para ser Obispo o Papa (proponer, sería la palabra más adecuada) y generalmente se otorgaba la solicitud del gobernante. Era la Iglesia quien finalmente nombraba Obispo a alguien en la Iglesia Católica.
En el caso de la Iglesia en Inglaterra, tuvo cierta sucesión apostólica hasta que murieron los Obispos y sacerdotes ordenados por estos Obispos, que habían sido nombrados por el Papa.
Siguió estando la Iglesia Católica presente en Inglaterra hasta que el rey James (King James, el cual hay una Biblia equivalente a la reina valera con ese nombre) inició una persecución atroz a los católicos entorno al año 1600. Quedaron pocos católicos en Inglaterra a partir de entonces. Por el 1850 ya había un acercamiento entre la Iglesia Católica y la Anglicana. El Papa creo que Pío IX o X había realizado una encíclica acerca de la sucesión apostólica de la iglesia anglicana, en la cual se determinaba esta cuestión: que la habían perdido hacía tiempo. Hubo un lógico alejamiento después de esta encíclica.
Llegado San Juan Pablo II como pontífice, es que nuevamente hay un acercamiento, que persiste aún hoy. Año a año van convirtiéndose a la Iglesia Católica muchos anglicanos, los casos más conocidos son el de Tony Blair y el Capellán de la Reina de Inglaterra que hace unos 4 años retornó a la Iglesia Católica, pero hay muchos sacerdotes, que aunque no se hacen demasiado públicos los casos, también han retornado, al igual que feligreses.
Hch 11:26 y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».
Responder
#8
Excelente...
[-] The following 1 user Likes Lito's post:
  • Tom
Responder
#9
Estuve leyendo esta Encíclica (Satis Congnitum) De Leon XIII

El Primado de Pedro

25. ¿Y cuál es el poder soberano a que todos los cristianos deben obedecer y cuál es su naturaleza? Sólo puede determinarse comprobando y conociendo bien la voluntad de Cristo acerca de este punto. Seguramente Cristo es el Rey eterno, y eternamente, desde lo alto del cielo, continúa dirigiendo y protegiendo invisiblemente su reino; pero como ha querido que este reino fuera visible, ha debido designar a alguien que ocupe su lugar en la tierra después que él mismo subió a los cielos.

«Si alguno dice que el único jefe y el único pastor es Jesucristo, que es el único esposo de la Iglesia única, esta respuesta no es suficiente. Es cierto, en efecto, que el mismo Jesucristo obra los sacramentos en la Iglesia. El es quien bautiza, quien remite los pecados; es el verdadero Sacerdote que se ofrece sobre el altar de la cruz y por su virtud se consagra todos los días su cuerpo sobre el altar, y, no obstante, como no debía permanecer con todos los fieles por su presencia corpórea, escogió ministros por cuyo medio pudieran dispensarse a los fieles los sacramentos de que acabamos de hablar, como lo hemos dicho más arriba (c.74). Del mismo modo, porque debía sustraer a la Iglesia su presencia corporal, fue preciso que designara a alguien para que, en su lugar, cuidase de la Iglesia universal. Por eso dijo a Pedro antes de su ascensión: "Apacienta mis ovejas"»[73].

26. Jesucristo, pues, dio a Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»[74]. «Es a Pedro a quien el Señor habló; a uno solo, a fin de fundar 1a unidad por uno solo»[75].

«En efecto, sin ningún otro preámbulo, designa por su nombre al padre del apóstol y al apóstol mismo (Tú eres bienaventurado, Simón, hijo de Jonás), y no permitiendo ya que se le llame Simón, reivindica para él en adelante como suyo en virtud de su poder, y quiere por una imagen muy apropiada que así se llame al nombre de Pedro, porque es la piedra sobre la que debía fundar su Iglesia»[76].

Según este oráculo, es evidente que, por voluntad y orden de Dios, la Iglesia está establecida sobre el bienaventurado Pedro, como el edificio sobre los cimientos. Y pues la naturaleza y la virtud propia de los cimientos es dar cohesión al edificio por la conexión íntima de sus diferentes partes y servir de vínculo necesario para la seguridad y solidez de toda la obra, si el cimiento desaparece, todo el edificio se derrumba. El papel de Pedro es, pues, el de soportar a la Iglesia y mantener en ella la conexión y la solidez de una cohesión indisoluble. Pero ¿cómo podría desempeñar ese papel si no tuviera el poder de mandar, defender y juzgar; en una palabra: un poder de jurisdicción propio y verdadero? Es evidente que los Estados y las sociedades no pueden subsistir sin un poder de jurisdicción. Una primacía de honor, o el poder tan modesto de aconsejar y advertir que se llama poder de dirección, son incapaces de prestar a ninguna sociedad humana un elemento eficaz de unidad y de solidez.

27. Por el contrario, el verdadero poder de que hablamos está declarado y afirmado con estas palabras: «Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».

«¿Qué es decir contra ella? ¿Es contra la piedra sobre la que Jesucristo edificó su Iglesia? ¿Es contra la Iglesia? La frase resulta ambigua. ¿Será para significar que la piedra y la Iglesia no son sino una misma cosa? Sí; eso es, a lo que creo, la verdad; pues las puertas del infierno no prevalecerán ni contra la piedra sobre la que Jesucristo fundó la Iglesia, ni contra la Iglesia misma»[77]. He aquí el alcance de esta divina palabra: La Iglesia apoyada en Pedro, cualquiera que sea la habilidad que desplieguen sus enemigos, no podrá sucumbir jamás ni desfallecer en lo más mínimo.

«Siendo la Iglesia el edificio de Cristo, quien sabiamente ha edificado su casa sobre piedra, no puede estar sometida a las puertas del infierno; éstas pueden prevalecer contra quien se encuentre fuera de la piedra, fuera de la Iglesia, pero son impotentes contra ésta»[78]. Si Dios ha confiado su Iglesia a Pedro, ha sido con el fin de que ese sostén invisible la conserve siempre en toda su integridad. La ha investido de la autoridad, porque para sostener real y eficazmente una sociedad humana, el derecho de mandar es indispensable a quien la sostiene.

28. Jesús añade aún: «Y te daré las llaves del reino de los cielos», y es claro que continúa hablando de la Iglesia, de esta Iglesia que acaba de llamar suya y que ha declarado querer edificar sobre Pedro como sobre su fundamento. La Iglesia ofrece, en efecto, la imagen no sólo de un edificio, sino de un reino; y además nadie ignora que las llaves son la insignia ordinaria de la autoridad. Así, cuando Jesús promete dar a Pedro las llaves del reino de los cielos, promete darle el poder y la autoridad de la Iglesia. «El Hijo le ha dado (a Pedro) la misión de esparcir en el mundo entero el conocimiento del Padre y del Hijo y ha dado a un hombre mortal todo el poder de los cielos al confiar las llaves a Pedro, que ha extendido la Iglesia hasta las extremidades del mundo y que la ha mostrado más inquebrantable que el cielo»[79].

29. Lo que sigue tiene también el mismo sentido: «Todo lo que atares en la tierra será también atado en el cielo, y lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo». Esta expresión figurada: atar y desatar, designa el poder de establecer leyes y el de juzgar y castigar. Y Jesucristo afirma que ese poder tendrá tanta extensión y tal eficacia, que todos los decretos dados por Pedro serán ratificados por Dios. Este poder es, pues, soberano y de todo punto independiente, porque no hay sobre la tierra otro poder superior al suyo que abrace a toda la Iglesia y a todo lo que está confiado a la Iglesia.

30. La promesa hecha a Pedro fue cumplida cuando Jesucristo nuestro Señor, después de su resurrección, habiendo preguntado por tres veces a Pedro si le amaba más que los otros, le dijo en tono imperativo: «Apacienta mis corderos... apacienta mis ovejas»[80].

Es decir, que a todos los que deben estar un día en su aprisco les envía a Pedro como a su verdadero pastor. «Si el Señor pregunta lo que no le ofrece duda, no quiere, indudablemente, instruirse, sino instruir a quien, a punto de subir al cielo, nos dejaba por Vicario de su amor... Y porque sólo entre todos Pedro profesaba este amor, es puesto a la cabeza de los más perfectos para gobernarlos, por ser él mismo más perfecto»[81]. El deber y el oficio del pastor es guiar al rebaño, velar por su salud, procurándole pastos saludables, librándole de los peligros, descubriendo los lazos y rechazando los ataques violentos; en una palabra: ejerciendo la autoridad del gobierno. Y pues Pedro ha sido propuesto como pastor al rebaño de fieles, ha recibido el poder de gobernar a todos los hombres, por cuya salvación Jesucristo dio su sangre «¿Y por qué vertió su sangre? Para rescatar a esas ovejas que ha confiado a Pedro y a sus sucesores»[82].

31. Y porque es necesario que todos los cristianos estén unidos entre sí por la comunidad de una fe inmutable, nuestro Señor Jesucristo, por la virtud de sus oraciones, obtuvo para Pedro que en el ejercicio de su poder no desfalleciera jamás su fe. «He orado por ti a fin de que tu fe no desfallezca»[83].

Y le ordenó además que, cuantas veces lo pidieran las circunstancias, comunicase a sus hermanos la luz y la energía de su alma: «Confirma a tus hermanos»[84]. Aquel, pues, a quien, designado como fundamento de la Iglesia, quiere que sea columna de la fe. Pues que de su propia autoridad le dio el reino, no podía afirmar su fe de otro modo que llamándole Piedra y designándole como el fundamento que debía afirmar su Iglesia[85].

Soberanía de Cristo

32. De aquí que ciertos nombres que designan muy grandes cosas y que «pertenecen en propiedad a Jesucristo en virtud de su poder, Jesús mismo ha querido hacerlas comunes a El y a Pedro por participación[86], a fin de que la comunidad de títulos manifestase la comunidad del poder. Así, El, que es la piedra principal del ángulo sobre la que todo el edificio construido se eleva como un templo sagrado en el Señor»[87], ha establecido a Pedro como la piedra sobre la que debía estar apoyada su Iglesia. «Cuando dice: Tú eres la piedra, esta palabra le confiere un hermoso título de nobleza. Y, sin embargo, es la piedra, no como Cristo es la piedra, sino como Pedro puede ser la piedra. Cristo es esencialmente la piedra inquebrantable, y por ésta es por quien Pedro es la piedra. Porque Cristo comunica sus dignidades sin empobrecerse... Es sacerdote y hace sacerdotes... Es piedra y hace de su apóstol la piedra»[88].

Es, además, el Rey de la Iglesia, «que posee la llave de David; cierra, y nadie puede abrir; abre, y nadie puede cerrar»[89], y por eso, al dar las llaves a Pedro, le declara jefe de la sociedad cristiana. Es también el Pastor supremo, que a sí mismo se llama el Buen Pastor[90], y por eso también ha nombrado a Pedro pastor de sus corderos y ovejas. Por esto dice San Crisóstomo:

«Era el principal entre los apóstoles, era como la boca de los otros discípulos y la cabeza del cuerpo apostólico... Jesús, al decirle que debe tener en adelante confianza, porque la mancha de su negación está ya borrada, le confía el gobierno de sus hermanos. Si tú me amas, sé jefe de tus hermanos»[91]. Finalmente, aquel que confirma «en toda buena obra y en toda buena palabra»[92] es quien manda a Pedro que confirme a sus hermanos.

San León el Grande dice con razón: «Del seno del mundo entero, Pedro sólo ha sido elegido para ser puesto a la cabeza de todas las naciones llamadas, de todos los apóstoles, de todos los Padres de la Iglesia; de tal suerte que, aunque haya en el pueblo de Dios muchos pastores, Pedro, sin embargo, rige propiamente a todos los que son principalmente regidos por Cristo»[93]. Sobre el mismo asunto escribe San Gregorio el Grande al emperador Mauricio Augusto: «Para todos los que conocen el Evangelio, es evidente que, por la palabra del Señor, el cuidado de toda la Iglesia ha sido confiado al santo apóstol Pedro, jefe de todos los apóstoles... Ha recibido las llaves del reino de los cielos, el poder de atar y desatar le ha sido concedido, y el cuidado y el gobierno de toda la Iglesia le ha sido confiado»[94].

Los sucesores de Pedro

33. Y pues esta autoridad, al formar parte de la constitución y de la organización de la Iglesia como su elemento principal, es el principio de la unidad, el fundamento de la seguridad y de la duración perpetua, se sigue que de ninguna manera puede desaparecer con el bienaventurado Pedro, sino que debía necesariamente pasar a sus sucesores y ser transmitida de uno a otro. «La disposición de la verdad permanece, pues el bienaventurado Pedro, perseverando en la firmeza de la piedra, cuya virtud ha recibido, no puede dejar el timón de la Iglesia, puesto en su mano»[95].

Por esto los Pontífices, que suceden a Pedro en el episcopado romano, poseen de derecho divino el poder supremo de la Iglesia. «Nos definimos que la Santa Sede Apostólica y el Pontífice Romano poseen la primacía sobre el mundo entero, y que el Pontífice Romano es el sucesor del bienaventurado Pedro, Príncipe de los Apóstoles, y que es el verdadero Vicario de Jesucristo, el Jefe de toda la Iglesia, el Padre y el Doctor de todos los cristianos, y que a él, en la persona del bienaventurado Pedro, ha sido dado por nuestro Señor Jesucristo el pleno poder de apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal; así como está contenido tanto en las actas de los concilios ecuménicos como en los sagrados cánones»[96]. El cuarto concilio de Letrán dice también: «La Iglesia romana..., por la disposición del Señor, posee el principado del poder ordinario sobre las demás Iglesias, en su cualidad de madre y maestra de todos los fieles de Cristo».

34. Tal había sido antes el sentimiento unánime de la antigüedad, que sin la menor duda ha mirado y venerado a los Obispos de Roma como a los sucesores legítimos del bienaventurado Pedro. ¿Quién podrá ignorar cuán numerosos y cuán claros son acerca de este punto los testimonios de los Santos Padres? Bien elocuente es el de San Ireneo, que habla así de la Iglesia romana: «A esta Iglesia, por su preeminencia superior, debe necesariamente reunirse toda la Iglesia»[97].

San Cipriano afirma también de la Iglesia romana que es «la raíz y madre de la Iglesia católica[98], la Cátedra de Pedro y la Iglesia principal, aquella de donde ha nacido la unidad sacerdotal»[99]. La llama «Cátedra de Pedro», porque está ocupada por el sucesor de Pedro; «Iglesia principal», a causa del principado conferido a Pedro y a sus legítimos sucesores; «aquella de donde ha nacido la unidad», porque, en la sociedad cristiana, la causa eficiente de la unidad es la Iglesia romana.

Por esto San Jerónimo escribe lo que sigue a Dámaso: «Hablo al sucesor del Pescador y al discípulo de la Cruz... Estoy ligado por la comunión a Vuestra Beatitud, es decir, a la Cátedra de Pedro. Sé que sobre esa piedra se ha edificado la Iglesia»[100].

El método habitual de San Jerónimo para reconocer si un hombre es católico es saber si está unido a la Cátedra romana de Pedro. «Si alguno está unido a la Cátedra romana de Pedro, ése es mi hombre»[101]. Por un método análogo, San Agustín declara abiertamente que en la Iglesia romana está siempre contenido lo principal de la Cátedra apostólica[102], y afirma que quien se separa de la fe romana no es católico. «No puede creerse que guardáis la fe católica los que no enseñáis que se debe guardar la fe romana»[103].

Y lo mismo San Cipriano: «Estar en comunión con Cornelio es estar en comunión con la Iglesia católica»[104].

El abad Máximo enseña igualmente que el sello de la verdadera fe y de la verdadera comunión consiste en estar sometido al Pontífice Romano. «Quien no quiera ser hereje ni sentar plaza de tal no trate de satisfacer a éste ni al otro... Apresúrese a satisfacer en todo a la Sede de Roma. Satisfecha la Sede de Roma, en todas partes y a una sola voz le proclamarán pío y ortodoxo. Y el que de ello quiera estar persuadido, será en vano que se contente con hablar si no satisface y si no implora .al bienaventurado Papa de la santísima Iglesia de los Romanos, esto es, la Sede apostólica». Y he aquí, según él, la causa y la explicación de este hecho... La Iglesia romana ha recibido del Verbo de Dios encarnado, y según los santos concilios, según los santos cánones y las definiciones posee, sobre la universalidad de las santas Iglesias de Dios que existen sobre la superficie de la tierra, el imperio y la autoridad, en todo y por todo, y el poder de atar y desatar. Pues cuando ella ata y desata, el Verbo, que manda a las virtudes celestiales, ata y desata también en el cielo[105].

35. Era esto, pues, un artículo de la fe cristiana; era un punto reconocido y observado constantemente, no por una nación o por un siglo, sino por todos los siglos, y por Oriente no menos que por Occidente, conforme recordaba el sínodo de Efeso, sin levantar la menor contradicción el sacerdote Felipe, legado del Pontífice Romano: «No es dudoso para nadie y es cosa conocida en todos los tiempos que el Santo y bienaventurado Pedro, Príncipe y Jefe de los apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia católica, recibió de nuestro Señor Jesucristo, Salvador y Redentor del género humano, las llaves del reino, y que el poder de atar y desatar los pecados fue dado a ese mismo apóstol, quien hasta el presente momento y siempre vive en sus sucesores y ejerce por medio de ellos su autoridad»[106]. Todo el mundo conoce la sentencia del concilio de Calcedonia sobre el mismo asunto: «Pedro ha hablado... por boca de León», sentencia a la que la voz del tercer concilio de Constantinopla respondió como un eco: «El soberano Príncipe de los apóstoles combatía al lado nuestro, pues tenemos en nuestro favor su imitador y su sucesor en su Sede... No se veía al exterior (mientras se leía la carta del Pontífice Romano) más que el papel y la tinta, y era Pedro quien hablaba por boca de Agatón»[107]. En la fórmula de profesión de fe católica, propuesta en términos precisos por Hormisdas en los comienzos del siglo VI y suscrita por el emperador Justiniano y los patriarcas Epifanio, Juan y Mennas, se expresó el mismo pensamiento con gran vigor: «Como la sentencia de nuestro Señor Jesucristo, que dice: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", no puede ser desatendida, lo que ha dicho está confirmado por la realidad de los hechos, pues en la Sede Apostólica la religión católica se ha conservado sin ninguna mancha»[108].

No queremos enumerar todos los testimonios; pero, no obstante, nos place recordar la fórmula con que Miguel Paleólogo hizo su profesión de fe en el segundo concilio de Lyón: «La Santa Iglesia romana posee también el soberano y pleno primado y principal sobre la Iglesia católica universal, y reconoce con verdad y humildad haber recibido este primado y principado con la plenitud del poder del Señor mismo, en la persona del bienaventurado Pedro, príncipe o jefe de los apóstoles, y de quien el Pontífice romano es el sucesor. Y por lo mismo que está encargado de defender, antes que las demás, la verdad de la fe, también cuando se levantan dificultades en puntos de fe, es a su juicio al que las demás deben atenerse»[109].


PERO ME PARECIO CURIOSA ESTA AFIRMACIÓN:

26. Jesucristo, pues, dio a Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»[74]. «Es a Pedro a quien el Señor habló; a uno solo, a fin de fundar 1a unidad por uno solo»[75].

¿¿No parece un poco soberbia la afirmación de que a Pedro se le hizo Jefe Soberano??

(15-07-2021, 07:09 PM)Lito escribió: Estuve leyendo esta Encíclica (Satis Congnitum) De Leon XIII

El Primado de Pedro

25. ¿Y cuál es el poder soberano a que todos los cristianos deben obedecer y cuál es su naturaleza? Sólo puede determinarse comprobando y conociendo bien la voluntad de Cristo acerca de este punto. Seguramente Cristo es el Rey eterno, y eternamente, desde lo alto del cielo, continúa dirigiendo y protegiendo invisiblemente su reino; pero como ha querido que este reino fuera visible, ha debido designar a alguien que ocupe su lugar en la tierra después que él mismo subió a los cielos.

«Si alguno dice que el único jefe y el único pastor es Jesucristo, que es el único esposo de la Iglesia única, esta respuesta no es suficiente. Es cierto, en efecto, que el mismo Jesucristo obra los sacramentos en la Iglesia. El es quien bautiza, quien remite los pecados; es el verdadero Sacerdote que se ofrece sobre el altar de la cruz y por su virtud se consagra todos los días su cuerpo sobre el altar, y, no obstante, como no debía permanecer con todos los fieles por su presencia corpórea, escogió ministros por cuyo medio pudieran dispensarse a los fieles los sacramentos de que acabamos de hablar, como lo hemos dicho más arriba (c.74). Del mismo modo, porque debía sustraer a la Iglesia su presencia corporal, fue preciso que designara a alguien para que, en su lugar, cuidase de la Iglesia universal. Por eso dijo a Pedro antes de su ascensión: "Apacienta mis ovejas"»[73].

26. Jesucristo, pues, dio a Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»[74]. «Es a Pedro a quien el Señor habló; a uno solo, a fin de fundar 1a unidad por uno solo»[75].

«En efecto, sin ningún otro preámbulo, designa por su nombre al padre del apóstol y al apóstol mismo (Tú eres bienaventurado, Simón, hijo de Jonás), y no permitiendo ya que se le llame Simón, reivindica para él en adelante como suyo en virtud de su poder, y quiere por una imagen muy apropiada que así se llame al nombre de Pedro, porque es la piedra sobre la que debía fundar su Iglesia»[76].

Según este oráculo, es evidente que, por voluntad y orden de Dios, la Iglesia está establecida sobre el bienaventurado Pedro, como el edificio sobre los cimientos. Y pues la naturaleza y la virtud propia de los cimientos es dar cohesión al edificio por la conexión íntima de sus diferentes partes y servir de vínculo necesario para la seguridad y solidez de toda la obra, si el cimiento desaparece, todo el edificio se derrumba. El papel de Pedro es, pues, el de soportar a la Iglesia y mantener en ella la conexión y la solidez de una cohesión indisoluble. Pero ¿cómo podría desempeñar ese papel si no tuviera el poder de mandar, defender y juzgar; en una palabra: un poder de jurisdicción propio y verdadero? Es evidente que los Estados y las sociedades no pueden subsistir sin un poder de jurisdicción. Una primacía de honor, o el poder tan modesto de aconsejar y advertir que se llama poder de dirección, son incapaces de prestar a ninguna sociedad humana un elemento eficaz de unidad y de solidez.

27. Por el contrario, el verdadero poder de que hablamos está declarado y afirmado con estas palabras: «Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».

«¿Qué es decir contra ella? ¿Es contra la piedra sobre la que Jesucristo edificó su Iglesia? ¿Es contra la Iglesia? La frase resulta ambigua. ¿Será para significar que la piedra y la Iglesia no son sino una misma cosa? Sí; eso es, a lo que creo, la verdad; pues las puertas del infierno no prevalecerán ni contra la piedra sobre la que Jesucristo fundó la Iglesia, ni contra la Iglesia misma»[77]. He aquí el alcance de esta divina palabra: La Iglesia apoyada en Pedro, cualquiera que sea la habilidad que desplieguen sus enemigos, no podrá sucumbir jamás ni desfallecer en lo más mínimo.

«Siendo la Iglesia el edificio de Cristo, quien sabiamente ha edificado su casa sobre piedra, no puede estar sometida a las puertas del infierno; éstas pueden prevalecer contra quien se encuentre fuera de la piedra, fuera de la Iglesia, pero son impotentes contra ésta»[78]. Si Dios ha confiado su Iglesia a Pedro, ha sido con el fin de que ese sostén invisible la conserve siempre en toda su integridad. La ha investido de la autoridad, porque para sostener real y eficazmente una sociedad humana, el derecho de mandar es indispensable a quien la sostiene.

28. Jesús añade aún: «Y te daré las llaves del reino de los cielos», y es claro que continúa hablando de la Iglesia, de esta Iglesia que acaba de llamar suya y que ha declarado querer edificar sobre Pedro como sobre su fundamento. La Iglesia ofrece, en efecto, la imagen no sólo de un edificio, sino de un reino; y además nadie ignora que las llaves son la insignia ordinaria de la autoridad. Así, cuando Jesús promete dar a Pedro las llaves del reino de los cielos, promete darle el poder y la autoridad de la Iglesia. «El Hijo le ha dado (a Pedro) la misión de esparcir en el mundo entero el conocimiento del Padre y del Hijo y ha dado a un hombre mortal todo el poder de los cielos al confiar las llaves a Pedro, que ha extendido la Iglesia hasta las extremidades del mundo y que la ha mostrado más inquebrantable que el cielo»[79].

29. Lo que sigue tiene también el mismo sentido: «Todo lo que atares en la tierra será también atado en el cielo, y lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo». Esta expresión figurada: atar y desatar, designa el poder de establecer leyes y el de juzgar y castigar. Y Jesucristo afirma que ese poder tendrá tanta extensión y tal eficacia, que todos los decretos dados por Pedro serán ratificados por Dios. Este poder es, pues, soberano y de todo punto independiente, porque no hay sobre la tierra otro poder superior al suyo que abrace a toda la Iglesia y a todo lo que está confiado a la Iglesia.

30. La promesa hecha a Pedro fue cumplida cuando Jesucristo nuestro Señor, después de su resurrección, habiendo preguntado por tres veces a Pedro si le amaba más que los otros, le dijo en tono imperativo: «Apacienta mis corderos... apacienta mis ovejas»[80].

Es decir, que a todos los que deben estar un día en su aprisco les envía a Pedro como a su verdadero pastor. «Si el Señor pregunta lo que no le ofrece duda, no quiere, indudablemente, instruirse, sino instruir a quien, a punto de subir al cielo, nos dejaba por Vicario de su amor... Y porque sólo entre todos Pedro profesaba este amor, es puesto a la cabeza de los más perfectos para gobernarlos, por ser él mismo más perfecto»[81]. El deber y el oficio del pastor es guiar al rebaño, velar por su salud, procurándole pastos saludables, librándole de los peligros, descubriendo los lazos y rechazando los ataques violentos; en una palabra: ejerciendo la autoridad del gobierno. Y pues Pedro ha sido propuesto como pastor al rebaño de fieles, ha recibido el poder de gobernar a todos los hombres, por cuya salvación Jesucristo dio su sangre «¿Y por qué vertió su sangre? Para rescatar a esas ovejas que ha confiado a Pedro y a sus sucesores»[82].

31. Y porque es necesario que todos los cristianos estén unidos entre sí por la comunidad de una fe inmutable, nuestro Señor Jesucristo, por la virtud de sus oraciones, obtuvo para Pedro que en el ejercicio de su poder no desfalleciera jamás su fe. «He orado por ti a fin de que tu fe no desfallezca»[83].

Y le ordenó además que, cuantas veces lo pidieran las circunstancias, comunicase a sus hermanos la luz y la energía de su alma: «Confirma a tus hermanos»[84]. Aquel, pues, a quien, designado como fundamento de la Iglesia, quiere que sea columna de la fe. Pues que de su propia autoridad le dio el reino, no podía afirmar su fe de otro modo que llamándole Piedra y designándole como el fundamento que debía afirmar su Iglesia[85].

Soberanía de Cristo

32. De aquí que ciertos nombres que designan muy grandes cosas y que «pertenecen en propiedad a Jesucristo en virtud de su poder, Jesús mismo ha querido hacerlas comunes a El y a Pedro por participación[86], a fin de que la comunidad de títulos manifestase la comunidad del poder. Así, El, que es la piedra principal del ángulo sobre la que todo el edificio construido se eleva como un templo sagrado en el Señor»[87], ha establecido a Pedro como la piedra sobre la que debía estar apoyada su Iglesia. «Cuando dice: Tú eres la piedra, esta palabra le confiere un hermoso título de nobleza. Y, sin embargo, es la piedra, no como Cristo es la piedra, sino como Pedro puede ser la piedra. Cristo es esencialmente la piedra inquebrantable, y por ésta es por quien Pedro es la piedra. Porque Cristo comunica sus dignidades sin empobrecerse... Es sacerdote y hace sacerdotes... Es piedra y hace de su apóstol la piedra»[88].

Es, además, el Rey de la Iglesia, «que posee la llave de David; cierra, y nadie puede abrir; abre, y nadie puede cerrar»[89], y por eso, al dar las llaves a Pedro, le declara jefe de la sociedad cristiana. Es también el Pastor supremo, que a sí mismo se llama el Buen Pastor[90], y por eso también ha nombrado a Pedro pastor de sus corderos y ovejas. Por esto dice San Crisóstomo:

«Era el principal entre los apóstoles, era como la boca de los otros discípulos y la cabeza del cuerpo apostólico... Jesús, al decirle que debe tener en adelante confianza, porque la mancha de su negación está ya borrada, le confía el gobierno de sus hermanos. Si tú me amas, sé jefe de tus hermanos»[91]. Finalmente, aquel que confirma «en toda buena obra y en toda buena palabra»[92] es quien manda a Pedro que confirme a sus hermanos.

San León el Grande dice con razón: «Del seno del mundo entero, Pedro sólo ha sido elegido para ser puesto a la cabeza de todas las naciones llamadas, de todos los apóstoles, de todos los Padres de la Iglesia; de tal suerte que, aunque haya en el pueblo de Dios muchos pastores, Pedro, sin embargo, rige propiamente a todos los que son principalmente regidos por Cristo»[93]. Sobre el mismo asunto escribe San Gregorio el Grande al emperador Mauricio Augusto: «Para todos los que conocen el Evangelio, es evidente que, por la palabra del Señor, el cuidado de toda la Iglesia ha sido confiado al santo apóstol Pedro, jefe de todos los apóstoles... Ha recibido las llaves del reino de los cielos, el poder de atar y desatar le ha sido concedido, y el cuidado y el gobierno de toda la Iglesia le ha sido confiado»[94].

Los sucesores de Pedro

33. Y pues esta autoridad, al formar parte de la constitución y de la organización de la Iglesia como su elemento principal, es el principio de la unidad, el fundamento de la seguridad y de la duración perpetua, se sigue que de ninguna manera puede desaparecer con el bienaventurado Pedro, sino que debía necesariamente pasar a sus sucesores y ser transmitida de uno a otro. «La disposición de la verdad permanece, pues el bienaventurado Pedro, perseverando en la firmeza de la piedra, cuya virtud ha recibido, no puede dejar el timón de la Iglesia, puesto en su mano»[95].

Por esto los Pontífices, que suceden a Pedro en el episcopado romano, poseen de derecho divino el poder supremo de la Iglesia. «Nos definimos que la Santa Sede Apostólica y el Pontífice Romano poseen la primacía sobre el mundo entero, y que el Pontífice Romano es el sucesor del bienaventurado Pedro, Príncipe de los Apóstoles, y que es el verdadero Vicario de Jesucristo, el Jefe de toda la Iglesia, el Padre y el Doctor de todos los cristianos, y que a él, en la persona del bienaventurado Pedro, ha sido dado por nuestro Señor Jesucristo el pleno poder de apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal; así como está contenido tanto en las actas de los concilios ecuménicos como en los sagrados cánones»[96]. El cuarto concilio de Letrán dice también: «La Iglesia romana..., por la disposición del Señor, posee el principado del poder ordinario sobre las demás Iglesias, en su cualidad de madre y maestra de todos los fieles de Cristo».

34. Tal había sido antes el sentimiento unánime de la antigüedad, que sin la menor duda ha mirado y venerado a los Obispos de Roma como a los sucesores legítimos del bienaventurado Pedro. ¿Quién podrá ignorar cuán numerosos y cuán claros son acerca de este punto los testimonios de los Santos Padres? Bien elocuente es el de San Ireneo, que habla así de la Iglesia romana: «A esta Iglesia, por su preeminencia superior, debe necesariamente reunirse toda la Iglesia»[97].

San Cipriano afirma también de la Iglesia romana que es «la raíz y madre de la Iglesia católica[98], la Cátedra de Pedro y la Iglesia principal, aquella de donde ha nacido la unidad sacerdotal»[99]. La llama «Cátedra de Pedro», porque está ocupada por el sucesor de Pedro; «Iglesia principal», a causa del principado conferido a Pedro y a sus legítimos sucesores; «aquella de donde ha nacido la unidad», porque, en la sociedad cristiana, la causa eficiente de la unidad es la Iglesia romana.

Por esto San Jerónimo escribe lo que sigue a Dámaso: «Hablo al sucesor del Pescador y al discípulo de la Cruz... Estoy ligado por la comunión a Vuestra Beatitud, es decir, a la Cátedra de Pedro. Sé que sobre esa piedra se ha edificado la Iglesia»[100].

El método habitual de San Jerónimo para reconocer si un hombre es católico es saber si está unido a la Cátedra romana de Pedro. «Si alguno está unido a la Cátedra romana de Pedro, ése es mi hombre»[101]. Por un método análogo, San Agustín declara abiertamente que en la Iglesia romana está siempre contenido lo principal de la Cátedra apostólica[102], y afirma que quien se separa de la fe romana no es católico. «No puede creerse que guardáis la fe católica los que no enseñáis que se debe guardar la fe romana»[103].

Y lo mismo San Cipriano: «Estar en comunión con Cornelio es estar en comunión con la Iglesia católica»[104].

El abad Máximo enseña igualmente que el sello de la verdadera fe y de la verdadera comunión consiste en estar sometido al Pontífice Romano. «Quien no quiera ser hereje ni sentar plaza de tal no trate de satisfacer a éste ni al otro... Apresúrese a satisfacer en todo a la Sede de Roma. Satisfecha la Sede de Roma, en todas partes y a una sola voz le proclamarán pío y ortodoxo. Y el que de ello quiera estar persuadido, será en vano que se contente con hablar si no satisface y si no implora .al bienaventurado Papa de la santísima Iglesia de los Romanos, esto es, la Sede apostólica». Y he aquí, según él, la causa y la explicación de este hecho... La Iglesia romana ha recibido del Verbo de Dios encarnado, y según los santos concilios, según los santos cánones y las definiciones posee, sobre la universalidad de las santas Iglesias de Dios que existen sobre la superficie de la tierra, el imperio y la autoridad, en todo y por todo, y el poder de atar y desatar. Pues cuando ella ata y desata, el Verbo, que manda a las virtudes celestiales, ata y desata también en el cielo[105].

35. Era esto, pues, un artículo de la fe cristiana; era un punto reconocido y observado constantemente, no por una nación o por un siglo, sino por todos los siglos, y por Oriente no menos que por Occidente, conforme recordaba el sínodo de Efeso, sin levantar la menor contradicción el sacerdote Felipe, legado del Pontífice Romano: «No es dudoso para nadie y es cosa conocida en todos los tiempos que el Santo y bienaventurado Pedro, Príncipe y Jefe de los apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia católica, recibió de nuestro Señor Jesucristo, Salvador y Redentor del género humano, las llaves del reino, y que el poder de atar y desatar los pecados fue dado a ese mismo apóstol, quien hasta el presente momento y siempre vive en sus sucesores y ejerce por medio de ellos su autoridad»[106]. Todo el mundo conoce la sentencia del concilio de Calcedonia sobre el mismo asunto: «Pedro ha hablado... por boca de León», sentencia a la que la voz del tercer concilio de Constantinopla respondió como un eco: «El soberano Príncipe de los apóstoles combatía al lado nuestro, pues tenemos en nuestro favor su imitador y su sucesor en su Sede... No se veía al exterior (mientras se leía la carta del Pontífice Romano) más que el papel y la tinta, y era Pedro quien hablaba por boca de Agatón»[107]. En la fórmula de profesión de fe católica, propuesta en términos precisos por Hormisdas en los comienzos del siglo VI y suscrita por el emperador Justiniano y los patriarcas Epifanio, Juan y Mennas, se expresó el mismo pensamiento con gran vigor: «Como la sentencia de nuestro Señor Jesucristo, que dice: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", no puede ser desatendida, lo que ha dicho está confirmado por la realidad de los hechos, pues en la Sede Apostólica la religión católica se ha conservado sin ninguna mancha»[108].

No queremos enumerar todos los testimonios; pero, no obstante, nos place recordar la fórmula con que Miguel Paleólogo hizo su profesión de fe en el segundo concilio de Lyón: «La Santa Iglesia romana posee también el soberano y pleno primado y principal sobre la Iglesia católica universal, y reconoce con verdad y humildad haber recibido este primado y principado con la plenitud del poder del Señor mismo, en la persona del bienaventurado Pedro, príncipe o jefe de los apóstoles, y de quien el Pontífice romano es el sucesor. Y por lo mismo que está encargado de defender, antes que las demás, la verdad de la fe, también cuando se levantan dificultades en puntos de fe, es a su juicio al que las demás deben atenerse»[109].


PERO ME PARECIO CURIOSA ESTA AFIRMACIÓN:

26. Jesucristo, pues, dio a Pedro a la Iglesia por jefe soberano, y estableció que este poder, instituido hasta el fin de los siglos para la salvación de todos, pasase por herencia a los sucesores de Pedro, en los que el mismo Pedro se sobreviviría perpetuamente por su autoridad. Seguramente al bienaventurado Pedro, y fuera de él a ningún otro, se hizo esta insigne promesa: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»[74]. «Es a Pedro a quien el Señor habló; a uno solo, a fin de fundar 1a unidad por uno solo»[75].

¿¿No parece un poco soberbia la afirmación de que a Pedro se le hizo Jefe Soberano??

¿Y que la Salvación esta en manos de Pedro?

El Papa es como si fuese Dios en la tierra,solo soberano de los fieles de Cristo, principal rey de reyes y senor de senores, que tiene la plenitud, el poder a quien Dios el Omnipotente le ha confiado no solo la direccion de lo terreno sino del reino celestial. El Papa tiene tan grande autoridad y poder que puede modificar, explicar, abolir, interpretar o cambiar aun las leyes divinas. Prompta Biblioteca Canonica Juridica, Moralis Teologica, nece non Ascetica, Polemica Rubristica, Historica . Iera edicion 1746. Lucious Ferraris, Articulo Papa, Tomo 6, pag 26
 
¿¿Y esto?? ¿¿Dios sobre la tierra??
Responder
#10
Lito, no sólo es el pasaje de Cristo fundando la Iglesia, y poniendo a Pedro como primer piedra, luego de la piedra fundamental que Cristo para edificar la misma.

Mirá el siguiente pasaje:

Isa 22:20 Aquel día llamaré a mi siervo Elyaquim, hijo de Jilquías.
Isa 22:21 Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré, tu autoridad pondré en su mano, y será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.
Isa 22:22 Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá.
Isa 22:23 Le hincaré como clavija en lugar seguro, y será trono de gloria para la casa de su padre.
Isa 22:24 Colgarán allí todo lo de valor de la casa de su padre - sus descendientes y su posteridad -, todo el ajuar menudo, todas las tazas y cántaros.
Isa 22:25 Aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot - se removerá la clavija hincada en sitio seguro, cederá y caerá, y se hará añicos el peso que sostenía, porque Yahveh ha hablado.


¿Es la tu túnica de la tuya o de la de Dios a la que refiere? ¿Es tu fajín con el que se sujeta del tuyo, o del fajín de Dios al que está sujeto? ¿Tiene tu autoridad de la tuya, o de la de Dios?
¿Cristo, es un siervo o es Dios? Porque si no es siervo, entonces no se está refiriendo a Cristo este pasaje, sino a un sin vergüenza pecador, al que le llamamos Padre, Papá, Papa.
Que no es Cristo el Papa, ciertamente, pero expresa la voz de Dios, aunque humanamente tenga sus errores. Y a pesar de esos errores, grandes errores, es a quien Dios ilumina especialmente más y quien sabe identificar a Cristo, desde tiempos del Maestro.

¿Qué es lo que se te hace curioso, Lito? ¿Te parece curiosa la primacía de Pedro o la Iglesia misma?
Porque Cristo dejó un sacerdocio, ya hablamos este tema, y este sacerdocio continúa a través de la imposición de manos, en estos 2000 años. Quedará en vos, buscar la Iglesia de Cristo, o buscar la Iglesia del "nombre y apellido" de aquel que la fundó hace 40 años, 100 años, 200 años.

Nosotros como sitio, no podemos obligar a nadie a ser católicos, sino a aquel que no es católico, invitarle a buscar la Iglesia de Cristo. Para esto, se debe ver tanto la historia, como las doctrinas. Pero estás seguro, de que hay una imposición de manos, de que no quedó en 12 Apóstoles la cosa, sino que ya en la misma Biblia, se había ampliado ese número a mucha más gente, cientos, tanto Obispos (tanto los 12 Apóstoles como sucesores de éstos), así como sacerdotes, ya en el siglo 1.
Buscá cual es esa Iglesia.
Hch 11:26 y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».
Responder
Bookmarks
« Tema anterior | Tema siguiente »


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)